Caricias de mujer II

 Alex y yo nos encontramos en el pasillo principal del aeropuerto. Nos besamos con muchísima ternura sin dejar de mirarnos a los ojos. Noté sus manos en mis nalgas, por encima de mi vaporoso vestido de seda azul turquesa, sin importarnos que las  personas que pasaban a nuestro lado fijasen su atención en nosotros.

 Su piel estaba tostada, su encanto se había acrecentado. Nuestras manos se unieron y…

-¡Vámonos! Quiero hacerte mía ¡ya!-Me dijo mientras su paso se apresuraba.

Correr con las sandalias de tacón tras el fue muy divertido al tiempo que arriesgado, pues podía lastimarme si en algún momento pisaba mal. Finalmente superé los obstáculos de camino al parking.

 Alex se puso al volante y mientras conducía, yo no pude resistir la tentación, teniéndole al fin a mi lado de derrocharme en caricias. Su miembro estaba muy duro, lo acaricié livianamente por encima de su pantalón desde su punta hacía abajo. Mientras dibujaba su falo con mi dedito,  entusiasmado me describía escorpiones, órix y jerbillos que había visto en el cálido desierto y yo pensaba en Yuwan.

Llegamos a casa muy excitados.

Las luces del salón estaban encendidas a lo que Alex me preguntó si teníamos invitados.

-Sí, alguien muy especial, nos aguarda dentro.-le respondí ociosa.

Sonrió y me acarició dulcemente el mentón.

Subíamos las escaleras del porche y Yuwan, la dulce oriental, abrió la puerta para recibirnos tal como ella y yo habíamos acordado.

El mono negro ajustado y trasparente que llevaba le sentaba divino, marcando su figura sensual y provocadora, su pelo azabache brillaba y su perfume nos embriagó.

-Es una amiga con quien pasaremos una deliciosa noche.-y les presenté.

Notaba que Alex estaba gratamente sorprendido y la noche loca comenzaba al cerrarse la puerta tras nosotros.

El baño estaba completamente iluminado con velas perfumadas  de lavanda. Los altos espejos recogían la imagen de los tres y esos mismos espejos se reflejaban en los de enfrente proyectando así una imagen infinita de morbo. Yuwan había preparado el jacuzzi, la espuma blanca cubría la superficie del agua y el hilo musical me invitaba a moverme sensual de tal forma que Yuwan captó mi propósito.

Alex se sentó en uno de los peldaños de acceso al jacuzzi y se iba despojando de sus prendas sin dejar de observar lo que las dos hacíamos.

Yuwan me bajó la cremallera lateral del vestido mientras nos mordisqueábamos dulcemente los labios, uniendo nuestras lenguas. Acaricié sus hombros bajando por sus brazos muy despacio hasta llegar a la altura de sus pechos, con las yemas de mis dedos  presioné sus turgentes pechos, casi sin atreverme a hacerlo, era mi primera experiencia con otra chica, pero quería continuar, estaba sintiendo algo que me enardecía como nunca pude haber ni siquiera imaginado.

Alex estaba muy empalmado, tenía la polla muy erguida y se la acariciaba, mordía sus labios denotando así su exaltación. No dejaba de decirnos lo hermosas y sexys que nos veía, y las ganas que tenía de vernos gozar aún más entre nosotras, para después el follarnos sin piedad.

Ascendió los dos peldaños firme, decidido. Su cuerpo fibroso encendió todavía más la llama de mi gozo, el agua acariciaba su cuerpo a medida que se introdujo en el circular jacuzzi. Extendí una gran toalla aterciopelada sobre los peldaños y me acosté sobre ella. Yuwan me acariciaba produciéndome un cosquilleo súper excitante, me abrió, separándome bien las piernas y me besó primero una desde los tobillos ascendiendo y luego otra hasta llegar a mi coñito.

Fue increíble, me retorcí de placer con sus suaves besos, Alex no apartaba en ningún momento su mirada de nosotras, deseaba morder sus carnosos y húmedos labios.

-   Me gusta ésta sorpresa cariño, sigue así, gozando para mí porque luego te follaré bien follada, te la meteré todo hasta el fondo como a ti te encanta. Y haré lo mismo con tu amiga. Os follaré a las dos…

- Alex te amo, cariño.-le dije entrecortadamente, casi a punto de correrme.

Acaricié el pelo de Yuwan, ahora le tocaba a ella disfrutar, así que la llevé de mi mano dentro del jacuzzi. Le di un largo beso a Alex en los labios sin separame de la mano de la dulce oriental.

- Ayúdame, entre los dos la desnudaremos, pero déjame continuar a mi sola con ella, quiero que se corra en mis labios…

Scott?

Scott

Necesito los susurros nublados de Scott. Las indicaciones sutiles y delicadas de su desenfreno, que embarga mi cuerpo, de desgarrada pasión y sensual sumisión, hacia los deseos más prohibidos que mecen placeres intensos, cual gotas de limón, sobre la herida piel de caricias despojadas, regaladas…

Scrawling

SCRAWLING

Quedamos en mi casa de campo. Venías de camino mientras yo, ya encendía la chimenea y después, en la cocina, le quitaba el hueso a unas cuantas cerezas muy grandes y rojas que había recogido nada más llegar. Miré haciá atrás porque sentí un cosquilleo que me recorría toda la espalda. Allí estabas tú,antes de lo que yo pensaba que llegarías.
Seguí quitando los huesos de las cerezas y las iba añadiendo a la macedonia que estaba terminando de preparar.
Te acercaste a mí, te pegaste a mí espalda, sentí tú miembro erguido en mis nalgas. Metiste la mano en la fuente de cerámica donde estaban las frutas, cogiste un puñado y me diste a comer, nos mirábamos fijamente a los ojos, los dos buscábamos los trocitos de las frutas con nuestras lenguas, chocaban una con la otra y me excitaba muchísimo, nuestros labios se buscaban, fui metiendo mi lengua entre todos tus dedos chupando el almibar de tu pulgar, de tu dedo índice, de tu dedo corazón, de tu meñique, del anular, de todos, despacio… chupándote todo, todo el almibar. Ahora estábamos frente a frente y te rozabas contra mi monte de venus a través de nuestras ropas, de mi falda y de tú pantalón. Me excité aún más cuando tus manos se deslizaban por debajo de mi falda acariciándome las piernas y apretando fuerte mis nalgas. Acariciabas mi culito y te rozabas en mi monte de venus. Notaba tu polla dura contra mi, me encantaba, me estaba volviendo loca, estaba muy húmeda, te había deseado tantos días, que me parecía vivir un sueño erótico.
Me quité el tanguita y me recosté en la mesa de mármol, mis pechos pegados en la fría piedra, mi abdomen, y me abrí de piernas ofreciéndote todo mi chochito, todo mi culito, para que me penetraras ya. No podía esperar más necesitaba  sentirte, saber cómo me follarías. Mi mano alcanzó la aceitera y vertí en mi culito el aceite de olivas, tú ya te habías bajado los pantalones y los boxer verdes, estabas muy empalmado.
-Fóllame, métemela toda, fóllame.
Acaricié mis nalgas completamente aceitadas, acaricié el culito para ti, metiéndome un dedo y entraba muy bien, resbalaba sin dificultad. Te acercaste de pronto y…
-Ahhhh, síiii.- me gustaba muchísimo que me follases así despacito, resbalando sin dificultal, con todo el aceite chorreando por entre mis nalgas y mis labios.
Me follabas deliciosamente. Metiéndomela y sacándola sin parar.
-Ah, ah, ah, umm, umm, ohhh, ahhh, siii.
Te corriste, gemiste en voz muy alta, gritando lo mucho que te gusta follarme…
Esa noche nos devoramos en  todos los rincones de la casa, tú no te cansabas, era increible lo que estaba viviendo.

El fulgor de las olas

acantilado 

Necesitaba reflexionar , no me lo pensé mucho,  ya subida en el coche, en vez de ir directamente a casa después de mi jornada laboral, tomé el camino que me llevaría a uno de mis lugares preferidos.

Mi piel estaba cálida a pesar del intenso viento  que azotaba  en el acantilado.

Fui a contemplar el océano desde el lugar más alto y al mirar hacia abajo para ver como  las olas chocaban contra la gran muralla de piedra me produjo vértigo que recorrió toda mi columna vertebral haciéndome estremecer; pero no me separé del borde, me cogí con fuerza y ví como se formaba la espuma blanca en cada embestida con  que el mar azotó las inmensas olas.

Cuando dejé de notar aquella sensación de riesgo al filo del precipicio, me senté en la pradera allí mismo. Saqué de mi pequeña bolsa de viaje la manta de lana verde, un pequeño telescopio y el trípode  que siempre llevo conmigo.

 Estaba sola en aquel hermoso lugar, el restaurante cercano a la playa estaba cerrado, el puesto de socorro con las persianas bajadas. A lo lejos ya se dislumbraba bien la luz del faro.

 Dejé todo allí y bajé a pasear por la  playa, la arena estaba húmeda, me acerqué a el mar, retrocediendo cada vez que las olas galopaban hacia mis pies descalzos y helados,  cuando comenzó a oscurecer subí de nuevo al acantilado, me  acosté sobre la manta mirando las estrellas, para disfrutar del  sonido del mar…

Perdí la noción del tiempo, el frío calaba mis huesos pero me sentía viciosa así que llamé a Scott y como siempre con pocas palabras el encuentro ya estaba fijado, allí mismo.

Cuando las luces de su  Harley irrumpieron me volví felina.

Se acercaba a mí con un paso firme y seguro, con el casco en su mano izquierda, su figura me volvió loca, así que comencé a desnudarme, ansiosa. Mis pezones estaban muy duros, mi piel estaba erizada pero no sentía frío, estaba muy excitada muy húmeda. Me cogió por la muñeca y me giró bruscamente pero sin hacerme daño. Su traje de cuero se pegó a mi piel, a mi espalda, a mis nalgas. Con mi mano libre le desabotoné el pantalón y como pude mientras él me mordisqueaba el cuello le bajé el boxer lo suficiente como  para coger entre mis dedos su pene erguido y caliente. Me separó las piernas con sus botas altas de piel negra, y me inclinó con una suave presión de su mano en mi espalda.

-He esperado este momento con ansiedad Scott, soy tuya. Haz de mi lo que quieras.- Le dije mirándole a los labios.

 Deslizó su pene entre mis labios de arriba a abajo y me llenó por completó al segundo de pronunciar aquellas palabras;  gemí exageradamente, allí nadie nos podía escuchar y aunque así fuese tampoco me hubiese importado. Segía sujetandome la muñeca y  soltó el casco que cayó al suelo, dejando su otra mano libre con la que me cogió la cadera, clavando sus dedos en mi piel.

Entonces me folló  compulsivamente, su polla  durísima se movía de un lado a otro en mí, me soltó la cadera y acarició mis pechos inclinando su cuerpo sobre el mío, sin soltar mi muñeca, susurrándome que yo era su zorrita viciosa y esas palabras lejos de aplacar mi excitación, me encendían más…

El murmullo de las olas nos mecía ahora disminuyendo el frenético ritmo haciéndolo muy placentero y tranquilo. Nos tumbamos sobre la manta. Scott dibujó con su lengua en mi piel aves de paso, pues de alguna manera eso es lo que somos él y yo.

Follamos hasta saciarnos y al amanecer, con los primeros rayos de sol nos bañamos, en las cristalinas aguas.

Arte en Taiwan

Taiwan

-La distancia no me separa de amarte Jon, tan solo son dos meses.-Mentí como una gran actriz lo hace interpretando su mejor papel, hacía tiempo que no le amaba…

- Sí, es tu gran oportunidad para darte a conocer, las galerias arte donde expondrás se abarrotaran de gente y cuando regreses tendrás mil cosas que contarme. Se pasará lento sin ti el tiempo. Te amo Elda…

No fingí lágrimas al despedirme, simplemente no se derramaron y si alguna hubiese rodado por mis mejillas, mi alma las habría expulsado de felicidad que es lo que sentí desde que recibí la noticia de exponer mis cuadros en tres de las más prestigiosas salas de Taiwan. No hubo lágrimas.

Me encanta viajar, ir de aquí para allá con lo mínimo en la maleta, conociendo gente nueva que rompa la monotonía, el aburrimiento que me produce el mismo sonido del despertador todas las noches, las mismas palabras dichas de igual o diferente manera por las mismas personas que se acomodan a una vida establecida y que también quieren que los demás así lo vivan, sin mirar en el interior de los ojos que les ven, sin mirar más allá y sin darse cuenta que la vida es en cada segundo un lienzo nuevo que colorear, un espacio para mover nuestros cuerpos de otra manera que no sean las de ayer, que no sean las de… ¿hace un segundo?

Madrid me quedaba lejano y acababa de llegar a Taiwan, había dejado atrás todo al posar los pies cuando bajé del avión, todo lo vivido, como una serpiente muda su piel, quería sentir intensamente lo que se me presentara.

Alcé la mano para indicarle al taxista que le necesitaba, enseguida se acercó.

No entendía casi nada de lo que me decía, dos meses de clases no era demasiado para desenvolverme con soltura con el idioma. Le indiqué la dirección de mi apartamento durante el tiempo que iba a pasar en esa gran ciudad.

Carteles luminosos y altos rascacielos; quise hacer mis primeras fotografías desde el interior del taxi para tener más vivo recuerdo de mi llegada y compartirlas con mi gran amigo Ramiro.

No sé las vueltas que me dió de más aquel taxista antes de llegar a mi destino, pues en principio me parecían todas las calles iguales hasta que me percaté que volvíamos a pasar de nuevo por la misma avenida; enfurecida le increpé para que se diera cuenta que sabía que trataba de timarme.

Me señaló un altísimo edificio, estaba asombrada de la altura que alcanzan. Había llegado a mi domicilio. Llamé al portero y rápidamente pude ver a través de la cristalera un chico que abrió la puerta y me dijo:

-¿Qué tal? ¿Te ayudo?.-Sus labios carnosos y húmedos brillaban al igual que sus ojos rasgados de profunda mirada, su pelo lacio y negro como el azabache hacía de el un hombre cautivador.

-No hace falta, gracias.

Seis ascensores; entre todos busqué el que me subiria al piso diecinueve, a mi apartamento, estaba deseando llegar para tirarme sobre la cama a descansar, estaba agotada de tantas horas de viaje.

Cuando desperté eran las cuatro de la madrugada, tenía sed y estaba hambrienta así que fui a la cocina. Todas las estancias del apartamento eran pequeñas pero la cocina aún lo era más. Los vecinos de enfrente, tenían la luz encendida, yo tenía apagada la mía pues si hay algo que me gusta es caminar a oscuras por la casa, descalza, desnuda…

Abrí uno de los armarios y busqué un vaso, no había ninguno, abrí otro armario y tampoco, así que busqué en otro más, encontré unos cuencos, tomé uno y abrí el grifo y dejé correr el agua unos minutos , una sombra se movió en la cocina del apartamento de enfrente, era el chico que me había encontrado esta tarde en el gran hall de éste alto edificio de apartamentos. Tan solo llevaba un boxer ajustado blanco, su espalda ancha estaba supermarcada, sus piernas también definian sus músculos. Llevaba el pelo mojado, ví que tenía un bol en la mano, al parecer su lavadero estaba justo debajo de la ventana pues ahora me pareció que también estaba cargando agua. Dejó lo que tenía en la mano sobre algún lugar y para mi deleite comenzó a poner posturas frente a su ventana, me alejé hacía el fondo para que en ningún momento descubriese que yo estaba allí observándolo. Llevaba sus manos a su nuca, sus biceps se tensaban, su abdomen se contraía, me excitó mucho verle pero aún más el hecho de que él no supiese que yo le estaba mirando. Continué agazapada en la sombra, entonces el comenzó a mover su cuerpo como si bailase, quizás tenía música puesta aunque yo no escuchaba nada, mi ventana y la suya estaban cerradas. Una oleada de calor invadió de repente mi cuerpo, puse la mano bajo el chorro de agua fresca y con ella mojé mis pechos mientras miraba el sensual y excitante baile de mi vecino. Me estaba excitando muchísimo, sus movimientos eran totalmente de libertad con una coordinación extraordinaria, queria que las ventanas no existiesen, que se desdibujasen, que su cocina fuese la mía que sintiese el mismo arrebato pasional que me calentaba la piel de tan solo mirarle.

Su baile me estaba volviendo loca y mis manos acariciaban mi piel con suavidad mientras no le quitaba ojo; acariciaba mis nalgas, las dos al mismo tiempo hasta llegar a mi cadera y continué con la punta de mis dedos deslizándolos hacia mi ombligo, mi abdomen subiendo hasta llegar a mis pezones duros, pellizcándolos, acaricié mi cuello, deseaba follar, estaba muy caliente y él parecía estar solo.

Fui a la entrada de la cocina y busqué a tientas el interruptor de la luz, sin dudarlo ni un instante más lo pulsé y miré rápidamente hacía la ventana de la cocina de mi vecino para no perder detalle de sus expresiones.Su reacción fue una sorpresa muy grata que me produjo mucho morbo.

Siguió meciendo su cuerpo frente al cristal, me sonrió e hizo un guiño; yo entonces me subí a la encimera, mis pechos notaron el frio cristal, mi piel se estremeció.

Pétalos

añicos

Eran más de la una de la madrugada, pulsé el dispositivo para que bajase el portón del garaje. Al fin estaba en casa. Me quité el cinturón de seguridad que tanto odio ponerme y me giré para recoger de los asientos traseros todos los libros, cds y el bolso. La bicicleta estaba apoyada en una de las
paredes del frio garaje, hacía dos meses en el mismo sitio. Desde entonces no había salido a pasear con ella, no había tenido tiempo.
Con los dos brazos y manos ocupadas, cargada por completo traté bajar la manilla de la puerta con el codo una y otra vez hasta lograrlo. Entonces percibí un agradable aroma a rosas. Al empujar la puerta con el culito y abrirse completamente , ví todo el suelo cubierto de pétalos; ascendían por las escaleras que dan al hall principal, me descalcé esbozando una sonrisa que de pronto distendía mi ofuscación acumulada en este día de intenso trabajo.
-¿Jeam?.- Un par de cds resbalaron cayéndose al suelo y no quise destrozar el sendero tan hermoso que me había encontrado, tan lleno de ternura y excitación que ahora embriagaba mi cuerpo.
Posé los libros al borde del camino de perfumados pétalos y me descalcé con la intriga de saber cuál era el final del manto delicadamente colocado de rosas que estaban a mis pies.
En cada paso que daba se pegaban a la planta de mis pies los aterciopelados pétalos produciendo en mí una sensación muy relajante y mágica. Cuando llegué al hall vi que cientos más ascendían perdiéndose en la entrada de mi habitación.
Estaba segura que había sido Jeam, pues era él, el único que tenía la llave de mi casa.
Cada peldaño que subia, más relajada y entusiasmada estaba.
Al llegar a la puerta de mi dormitorio el olor a rosas era más penetrante aún, más intenso.
Sonaba Sarah de Bob Dilan.
Jeam estaba esperándome cubierto de espuma en la ésférica y burbujeante bañera, su mirada me enardeció, su pelo negro azabache, su cuello fuerte y sus hombros musculosos sobresalían de entre la espuma.
Entonces sálió desnudo como un Adonis resbalando sobre su piel la blanca espuma y se sentó en el borde de la bañera, extendió su brazo y me cogió de la mano acercándome a él con mucha suavidad y comenzó a desnudarme y besarme.
Me sentía princesa, notaba las burbujas de aire en mis muslos, en mi sexo y mi esplada y las caricias de Jeam por todo mi cuerpo hicieron que mi mente volase, apartando todo el cansancio, todo el agotamiento, transformándolo en pasión,. Dulcemente me penetró y cada movimiento de nuestros cuerpos hacía que el agua de la bañera mezclase en pequeñas olas los pétalos que se desprendieron de mis pies y la espuma que Jeam me había preparado. Resbalaba dentro de mí con suma delicadeza, notaba su polla muy dura acariciádome las paredes de mi vagina, llenándome de un placer desconocido, delicioso, gozoso, distinto.
Bob Dylan sonando, sonando, ésta vez Hurricane aceleró nuestro compás de movimientos lujuriosos, nuestros gemidos se dispersaban por todo el baño aunándose a el sonido de la armónica y la bateria, aumentando más y más nuestras pulsaciones, nuestro gozo…

Cálido rescate II

calido rescate

Llevaban caminando más de cinco horas sin parar. Las tardes entregada al boxeo y ejercicios complementarios hacían de ella una mujer con una fortaleza física superior para soportar sin ningún problema todo el esfuerzo que suponía caminar en ocasiones abriendo huella entre la gran espesura de la merengosa nieve para llegar al refugio situado a 3.100 metros, no se veía absolutamente mas allá de dos pasos pues la niebla era una gran cortina, así pues gracias al Gps sabían que llevaban la dirección correcta. Estela iba en cabeza de grupo y escuchó rugir cercano el generador del refugio, se dío la vuelta para así comentárselo a Clark que seguía tras ella, a unos metros sus huellas; estaban totalmente abrigados, cubiertos con el gorro del Gore tex y las gafas de ventisca, Clark deslizó su lengua por sus gruesos labios y se acercó a ella para escuchar mejor lo que decía.

-El refugio está aquí al lado.-Su corazón latía muy fuerte, por el esfuerzo, necesitaba captar todo el oxígeno posible pero lo que más excitación le había provocado ese potente latir, había sido esa imagen tan excitante, tan cálida en un lugar tan frío…

Debía descansar ya que al amanecer saldrían para tratar de llegar a la pared con la esperanza de que Anne siguiese viva. No dejaba de pensar en ello, se puso su plumífero negro The North Face, su gorro fucsia dejando sobresalir sus trenzas por debajo del borde y abrió la pesada puerta de hierro que daba al exterior del refugio. La noche era dueña del lugar, el fuerte viento heló su rostro en décimas de segundo, así que se acurrucó hasta los ojos en el grueso cuello del plumífero, el faro intermitente era la única luz.

La puerta se abrió de nuevo y Clark apareció tras ella friccionándose las manos.

No se dijeron ni palabra. Clark introdujo su fuerte mano en el bolsillo del plumífero de ella y con el dedo índice le acarició como pudo los nudillos en la estrechez que se había formado. Se fueron a la caseta adosada del refugio, a la caseta de la leña, caminaron despacio abrazados, besándose apasionadamente, buscando con la mirada cada vez que el haz de luz rojo y blanco pasaba sobre ellos.

Clark se sentó encima de los troncos de leña y Estela se puso frente a él, entre sus piernas, se bajó la cremallera del plumífero, acarició el cuello de Clark, le mordió sus labios, sentía las caricias de él en sus nalgas al tiempo que Clark le deslizaba las braguitas junto con el pantalón hacía abajo. Los dos tenían la respiración muy agitada, efusivamente fueron quitándose todas sus prendas mutuamente, en un torbellino de pasión y obscenas caricias . Se abrazaron sin musitar palabra, ella abrió sus piernas, Clark le acariciaba espalda de de arriba a abajo…

Se apoderó con su mano del miembro erguido y duro como una roca y se lo llevo a su sexo húmedo, deseosa de recibir todo el calor de aquel gendarme que sin esperar había aparecido en su vida; tanto gozo en aquel lugar tan inóspito y frío.

Sus pieles ardían a pesar de las bajas temperaturas; de la pequeña cabaña de leña provenían los intensos gemidos que los dos como fieras salvajes emitían sin pudor ninguno habiéndose olvidado del resto del mundo, gemidos que se perdían en el silencio de las altas cumbres y disfrutando más que nunca antes lo habían echo. Sus lenguas jugueteaban entre sus labios, se mordisqueaban y no paraban de acariciarse. Con mucha suavidad se despegaron y Clark se levantó, una mano de él sujetaba ahora las dos muñecas juntas de Estela y con movimientos inesperados envueltos en una espiral de ritmos dulces, sintió de nuevo todo el poderío de Clark en su interior, notaba su corazón palpitando muy fuerte en la espalda desnuda, el torso y el fibroso abdomen de este escultural hombre sobre su vibrante columna vertebral que no dejaba de ondular del inmenso gozo de sentirse poseida, de notar en sus nalgas la pelvis tensa de Clark golpeándola en cada embestida que la llenaba cálidamente. Estaba atrapada contra la pared de piedras de aquella cabaña, le encantaba ser dominada de ese modo y al mirar hacia atrás se cruzaron el brillo de los ojos viciosos de los dos, entre las sombras, un fuertísimo viento se colaba ahora por la puerta y así entre sombras perdían el norte, el sur, el este y el oeste, acelerando infernalmente todo el cúmulo de tactos deliciosos que se sumaron entre los troncos de leña.

Los dos se derramaban con gemidos ahora más sonoros, más intensos, menos controlados, hasta producir eco que rebotaba perdiéndose en el Valle de Chamonix como música celestial.

Estaba llena de energía esa mañana, su rostro reflejaba menos tensión que los anteriores días a pesar de seguir con la gran preocupación de encontrar a Anne, en el desayuno se hicieron guiños que ya las demás personas interpretaron de plena complicidad entre ellos.

Cerca de la pared del Drus las grietas eran muy profundas, esa mañana la niebla era menos espesa, unas huellas se precipitaban al vacío de una de ellas, a Estela le dió un vuelco el corazón, se quitó hacia arriba las gafas de ventisca, corrió y al mirar en la profundidad azul del hielo dividido sus ojos se encontraron con el cuerpo desvalido de su compañera, dió tres fuertes soplidos al silvato como habían quedado que harían si se la encontraban, vió como se movía lo que indicaba que estaba con vida.

-Estoy aquí Anne, ya pasó todo, ahora te saco de ahí, tranquila, soy Estela.-Ya sacaba rápidamente todo el material necesario para bajar a valorar su estado y salvarla de aquella repisa en que había quedado milagrosamente.

Clark que seguía los pasos de Estela muy de cerca fue el primero en llegar y entre los dos montaron todo, Estela rapeló hasta llegar a Anne y cuando le sujetó la cabeza y Anne pudo ver a Estela musitó- Estela esta noche escuché música celestial cuando estaba apunto de quedarme en un sueño profundo…

Inmediatamente se desmayó, y Estela  la aseguró y la sacó de allí.

En el salón sobre la chimenea había muchas fotografías de boxeo,de escalada; la leña ardía, chasqueaba con el fuego, ardía como había ardido aquella noche sin haberse quemado en la cabaña de aquel refugio. Habían sido unos días intensos con Clark…

Cálido rescate I

boxea

Un golpe seco tras otro retumbaba en el gimnasio a última hora de la tarde de aquel frío invierno y con cada golpe, un sonoro grito de desahogo y el eco de los saltos que Estela acompañaba con cada movimiento delante del saco rojo de boxeo que colgaba de una cadena muy gruesa desde el techo.

Sonó el teléfono movil que estaba junto con una toalla blanca sobre un banco de madera de pino; ella parecía estar muy concentrada, daba fuertemente con sus puños protegidos dentro de sus inmensos guantes de piel negra y azul; no le prestaba atención a la llamada, miraba directamente al saco y se movía con unos serpenteantes giros de cuello y cadera, hombros y piernas frente a él cada vez que lo recibia para darle una y otra vez con mucha energía, parecía ser un baile ensayado aquel entrenamiento…

Por unos segundos se detuvo el timbre y Appel ladró insistentemente. De nuevo sonaba el movil, entonces ella volvió la mirada; sus grandes y expresivos ojos negros hacía el teléfono y reduciendo el ritmo de sus movimientos dió un potente puñetazo al saco que hizo que éste se desplazase lejos bamboleándose durante el tiempo en que tranquilamente se colgó la toalla alrededor del cuello y con una de sus esquinas se atusó la frente.

-¡Joder!.-buscaba la manera de descolgar presionando las teclas con el guante de boxeo de su mano derecha.-¡Joder! repetía cada vez que lo intentaba de nuevo, sin darse cuenta que al fin se había descolgado y alguién ya la escuchaba, el manos libres estaba activado con lo cual de pronto la voz de un chico preguntaba en francés si era el Club Axfur. Se hizo entonces un silencio.

-Sí, es aquí…-con tantos años como llevaba en Suiza dominaba perfectamente el francés y también el inglés y algo de aleman e italiano.

-Soy Clark, gendarme de Chamonix, hemos recibido información de que Anne, una de las socias de su Club está herida en una de las paredes de la aguja del Drus, la tormenta es intensa y no es posible realizar el resacate con el helicoptero por la espesa niebla.

Casi sin creerse lo que estaba oyendo tuvo que sentarse en el banco se quedó casi sin habla durante unos segundos, miles de recuerdos se agolparon de pronto en su mente; tanto esfuerzo que les había costado sacar adelante la empresa multiaventura lejos de su hermosa tierra , tantos momentos que había compartido con su compañera Anne.

-Podemos ir a buscarla a pie, ahora llamaré a los demás socios y a su familia .Necesitaremos el punto exacto si es que lo tienen para grabarlo en el Gps…-Esa fue su inmediata reacción, su cabeza ya estaba ideando el plan de búsqueda.

- Clark ¿me has dicho que te llamas?-Se levantó y se movía de un lado a otro esperando respuesta del gendarme a la vez que se desataba los guantes con los dientes.-En quince minutos te llamo.-No le dió opción a responder, le colgó y tiró de agenda para localizar a todos los socios.

La sala de juntas se había quedado pequeña , la noticia había corrido como la pólvora y aparte de todos los socios, amigos y familiares también se reunieron varios gendarmes de Rescate en Alta Montaña para idear un plan de búsqueda.

No querían perder más tiempo así que programaron la salida al amanecer.

Organizaban ya las cordadas y el material que iban a necesitar. Un formido chico de tez morena y gruesos labios hizo aparición en la sala, se quitaba el gorro de forro polar dejando al descubierto un precioso pelo rizado negro como el azabache, el uniforme rojo de Gore-tex marcaba una silueta de atleta impresionante.

Uno de los gendarmes le cedió el asiento de al lado de Estela, pues ella era quién se estaba encargando de tomar las anotaciones de toda la organización de el salvamento que llevarían a cabo e inmediatamente ella intuyó que se trataba del Jefe de operaciones; él alargo su mano hacia ella para saludarla.

- Soy Clark.-le dirigió una mirada muy intensa, sus ojos verdes brillaban muchísimo y ese apretón de manos les electrizó a ambos.

-Estela, Estela Ruiz.-disimuló el impacto maravilloso que esa primera mirada le había causado y la repentina excitación de sentir su grande y fuerte mano enmvolviendo suavemente la suya, en el saludo de ese espectacular hombre que ahora tomaba asiento a su lado.

La gravedad de los que estaba sucediendo allá arriba en las altas montañas, a tan bajas temperaturas con una nibosa climatología además de los fuertes vientos en principio no deberían de dejar hueco a posibles pensamientos lascivos, pero no era así, notaba una gran contradicción que nunca antes había sentido, era Piers como un iman que la atraía y la imbuía en segundos de agitación con cada roce al pasarse un mapa, un bolígrafo para tomar más datos o al notar cerca su respiración y la suave fragancia que desprendía Clark en cada movimiento.

Por momentos parecían estar solos en aquella sala y sin embargo cada vez eran más las personas que se acercaban con la intención de prestar apoyo.

Mis límites en añicos

lmitenañicos

Recordé los dos últimos tragos de wisky desdeñados la noche pasada. Vaso de fino cristal de bohemia medio vacío del líquido dorado pero lleno de huellas de carmín alrededor de todo su borde, huellas de mis surcos digitales que en un continúo llenado y vuelta a tomar imprimí en su diáfana y transparente finura. En ese vaso mi soledad, mi tormento ahogado en alcohol, mi desesperación y lucha por seguir siendo la misma de siempre; porque el abandono de mi amado no hiciese añicos mi ternura, mi sensibilidad…

Temblorosa, tomé el vaso, sumida en mi submundo, rodeada de fantasmas, sin sonrisa, asqueada de estos últimos días. Vacilante caminé hacía mi habitación en medio del gran desorden. Sonó el teléfono, me dejé caer de espaldas sobre las sábanas arrugadas, con el peso muerto de mi cuerpo, seguía sonando el teléfono; no me apetecía hablar con nadie, no quería escuchar preguntas, aunque necesitaba estar acompañada, no estar sola, sentir calidez, no alejarme más como estaba haciendo de la vida. Confusa puse mi mano sobre el auricular, el teléfono vibraba con cada sonoro tono, no dejaba de sonar y en cada uno de esos tonos sentía mi fragilidad, como la del cristal del vaso ahora vacío que sujetaba aún con mi otra mano.

Era insistente, ¿quién necesitaba de mi voz?, sentí un mareo al ladear mi cabeza para mirar al teléfono negro que no cesaba de sonar, la curiosidad aún no adormecida por tantos grados de alcohol galopando por mis venas, me llevaron a descolgar y entonces escuché su voz:

-Hola…te pasaré a recoger, vístete muy zorrona para mí…-Su voz profunda y viril me enardeció por completo.

-Te espero-colgué el auricular y miré hacia el techo, respiré profundamente, los lobos aullaban en mi cabeza como en una noche de luna llena lo hacen.

 

El agua de la ducha no limpiaba mi interior, seguía intacto como antes de que las gotas resbalasen por las curvas de mi piel cada día mas ligeras, menos onduladas; apenas comía, la bebida ocupaba ese lugar también ahora en mí.

Mis labios exageradamente encarnados, mis medias de red negras sujetas por mi liguero rojo, como mi tanga como mi sostén y la minifalda rubí con la finísima camiseta de licra a juego con mis medias. Mis vertiginosos zapatos de charol carmesí, mis pestañas pintadas con una gruesa capa de rimel que alargaban la expresión de mi mirada vidriosa, nubarrada, atormentada, sin ilusiones ni preferencias, sin rumbo ni concierto.

Una mano suya tomó una mía con fuerza y me guió como los días pasados lo ha estado haciendo en busca del vicio y la perversión que acentúa mi tormento y al tiempo me eleva a los altares de este infierno en el que vivo perdida, extraviada, privada del amor…

El asiento de cuero de su Harley estaba frio, de haber sabido que vendría a buscarme en su moto hubiese puesto unas mayas en vez de minifalda, pero me dijo que eso le gustaba más , que mis muslos fueran medio visibles por todo el mundo le excitaba. Apoyé mis pechos sobre su espalda, pasé mis brazos bajo sus axilas y extendí las palmas de mis manos sobre su cazadora de cuero negro a la altura de su torso.

Condujo con maestría, zizagueaba con mucho dominio entre los coches de la ciudad alejándonos cada vez más del centro de la misma.

El extrarradio peligroso, lleno de fulanas y traficantes de ladrones y vagabundos de inmundicia y detritus…

-¡Bájate!, paséate, insinuante junto a las rameras, quiero ver como te transformas en una de ellas…

Necesitaba un trago, salir gritando y corriendo para desvelar la parálisis que me hundía en el fango más y más y no podía controlar.

Tambaleé sobre mis tacones , mis piernas se doblaron y caí de rodillas al suelo, llevé las manos a mi cara y ví entre mis dedos sus botas altas y polvorientas de motorista, elevé lentamente la mirada recorriendo con ella su traje de cuero, me detuve a la altura de su miembro y su mano me acercó una petaca plateada. Rápidamente la cogí y la llevé a mis labios y tomé de ella, mi garganta y mi esófago ardían con el largo trago. Tuvo que quitármela pues me hubiese tomado todo, sin dejar ni gota.

-Anda, ve y demuestráme lo que sabes hacer princesita.

Me ayudó a ponerme en pie, me rodeó con sus brazos y un susurro que no entendí escuché como si lejano hubiera sido dicho pues ida estaba de la realidad, oculta entre barrotes de lujuria y lascivia, queriendo complacer a éste hombre que no conocía apenas pero me atrapaba como un cóndor a su sustento atrapa.

Me reí a carcajadas mientras me acercaba a las prostitutas que estaban apostadas esperando clientes que llegaban sin cesar uno tras otros en sus coches a ésta cloaca, a éste suburbio; acercándose a las chicas semidesnudas de todas las razas y colores que allí hacían su turno adornadas de cadenas y pelucas, de tatuajes y miseria de cicatrices de un destino que no esperaron enconcontrar y sin embargo hallaron. Cuanto más me acercaba a éstas trabajadoras del placer más meretriz me sentía.

De vez en cuando buscaba la mirada de Scott, que seguía apoyado en su flamante Harley observando mis movimientos y entonces era princesita de cabellos dorados que movía el culito para deterne el reloj y que sus horas conmigo fuesen, siguiesen siendo segundos cada vez que estuviesemos juntos.

Escuché unos pasos tras de mí, y alguien puso su mano sobre mí hombro desnudo.

Me puse nerviosa. La noche y el lugar, aquel tipo tocando mi piel y preguntándome el precio de un polvo rápido y salvaje me puso al instante histérica.

-¡Déjame tranquila!, mira donde están las furcias.

Señalé hacía las chicas de las esquina, el olor que recibí del aliento cercano de ese hombre me dío arcadas.

-Golfa, ¿te crees mejor qué ellas?.-Su mirada estaba tan perdida como la mía, le empujé y se tambaleó, blasfemó pero me dejó en paz.

Un coche redujo su marcha, acompañando mis pasos a los largo de la acera por la que caminaba haciendo eses.

-Nena, ven, acércate.- Era muy delgado, una de sus manos cogia el volante, al acercarme sus dedos largos se medio introdujeron por el borde da la cinturilla de la minifalda que ajustada marcaba mi monte de venus y mis nalgas. No muy lejos la silueta velada de Scott fumándose un cigarrillo me recordaba sus deseos….

-¿Qué quieres?-Temblaba mi voz

-Quiero que me hagas una mamada deliciosa, ¿Cuánto cobras por una mamada?

Desconocía el precio de tal servicio ultrajante y vejatorio, temblaba todo mi cuerpo, estaba muerta de miedo, pero necesitaba continuar.

-Veinte euros.

El tipo soltó una carcajada y tiró de mi falda hacía la puerta del coche.

-Sube gata,busquemos un sitio discreto.- Me soltó la falda, sus uñas rozaron mi abdomen.

Miré como algunas de las fulanas clavaban sus ojos en mí y a continuación escuché el rugir del escape de la Harley, Scott estaba montado en ella, se ponía los guantes. Confiaba que no me perderia de vista en ningún momento, las anteriores experiencias me daban alas para pensar eso, me encomendaba pues a su protección.Me excitaba mucho saber que esta situación le pusiera muy caliente.

En los asientos traseros ví un casco blanco de los que usan los obreros y de una bolsa de plástico sobresalían un par botellas de vino, el coche olía a alquitran, aquel tipo acercó su mano derecha a mis piernas nada más sentarme, miré el retrovisor y las luces de los focos de la moto se reflejaban en el.

Aquellas dos botellas eran mi objetivo.

-Te gusta el vino por lo que veo…-dije mirando hacía atrás.

No pregunté dónde me llevaba, estaba aterrada y relativamente el último trago de la petaca reducía sus efectos con el paso de las horas en mi mente, así que necesitaba sumergirme de nuevo en el halo maldito del alcohol.

Quebrantada y desesperada.

-¿Nos tomamos un trago juntos?.- Sonreí cínicamente.

-Si, es un regalo que me han hecho, pero gata no te desvies de lo que quiero…

Me asqueaba, me repugnaba estar allí metida.

Llegamos a un parque y después de hablarlo salimos del coche, puse la excusa de que tenía algo de claustrofobia, no parecía mal tipo, pero la simple idea de mamársela me asqueaba.

No estaba sola, pues Scott siguió mis pasos en todo momento, le vi entre los árboles, justo detrás de donde estaba con aquel enjuto y demacrado hombre que solicitaba poseer mi boca por un billete de 20 euros.

Cogio uno de mis pechos con sus prolongados dedos, le aparté la mano y le dí la botella.

-Ábrela, tomemos un trago.

-¿Tienes mucha sed nena?Yo te daré de beber, estoy muy caliente, ¿sabes? Así que puedes ir poniéndote manos a la obra, mientras yo te abro la botellita, vamos cariño, que empiece la juerga.

Solo de pensarlo notaba la bilis ascendiendo hasta mi garganta.

Scott estaba allí presenciándolo todo, veía su sombra y le notaba.

Descorchó al fin la botella y se la quité de las manos, tomé con ansia todo cuanto mi respiración me permitió, al segundo volaba como un lechuza.

Entonces perdí el control y le bajé hasta los tobillos el pantalón y el calzoncillo, estaba muy empalmado, senti arcadas y asco mucho asco, entonces me metió su falo en la boca. Me sentía muy sucia, mas buscona que ninguna otra de las que había en aquella esquina hacía minutos, minutos interminables.

-¡Sí! nena, ¡síiii! vamos gata, chúpamela, vamos nena…

Aquellas palabras retumbaban, me sentí muy puta, concubina, manceba.

Se agitaba hacia delante y hacia atrás introduciéndo su carne dura en mi boca y sacándola, me aborrecia a mi misma.

Sentí difuso un líquido resbalando por la comisura de mi boca.

No entendía muy bien sus palabras, todo me daba vueltas, giraban los árboles, rotaban las farolas…

 

Me dolia la cabeza, abrí muy despacio mis ojos y Scott estaba desnudo a mi lado, sobre la cama, en mi casa, mirándome…

Puso su dedo índice sobre sus labios:

- Shuuussss…, no digas nada…, shussssss…, descansa…

Su voz, su ternura, su presencia.

Ahora posaba su dedo sobre mis labios, y yo lo besé…

                                          No sabía si había tenido un mal sueño.

Caricias de mujer I

AlexAfrika

Me fui a un agencia de modelos de alquiler, una cuantas chicas desfilaron delante de mí sobre una pasarela azul en una habitación de luz ténue y cálidos destellos de colores. A Alex le fascinan las mujeres asiáticas , así que principalmente solo me fijaba en ellas. Entre todas, una china muy delgadita de pelo largo lacio y ojos muy rasgados con una encantadora sonrisa y bonitas piernas, caminaba con aire misterioso y sensual; fue quién produjo en mí admiración y el suficiente morbo como para ser la elegida para la sorpresa que quería darle a Alex a su regreso de Africa.

Salimos de allí juntas quemando rueda en mi M3 negro nuevo.Las luces pasaban rápidamente, ibamos a toda velocidad adelantando a los pocos automóviles que se cruzaban en nuestro camino, a 200km/h, incluso en la carretera comarcal íba pisando el acelerador casi a tope, disfrutando de la velocidad y el riesgo que ello implica y mirando de vez en cuando la que sería el regalito perfecto para mi chico. La carretera estaba despejada de tráfico así que pronto estábamos en la casita que tengo a las afueras de la ciudad, por el camino le fui contado a Yuwan mis planes para esta noche, quería sorprenderlo como el hace tantas veces conmigo.

La de cosas que se me pasaban por la cabeza, cada vez que la miraba. Las mujeres no me gustan pero esta noche quería cerrar los ojos y disfrutar de las caricias de esa sexy oriental. Nunca antes había follado con alguien de mi género, pero quería hacer los sueños de Alex realidad y alejarle por un tiempo de la nostalgia de Africa que seguro le rondaria todo el tiempo en su cabeza, pues como siempre en cada regreso, los dos primeros días parece seguir en el lugar de donde ha vuelto. Me había dicho muchísimas veces que nada le gustaría tanto como verme disfrutar con las caricias de otra mujer y no encontré mejor recibimiento que ese, ya era hora de complacerle en uno de sus más íntimos deseos. La experiencia que yo había tenido con el y con nuestro amigo Jon me había abierto los ojos, pues aquella tarde fue maravillosamente tórrida teniéndoles a los dos para mí.

Dejé a Yuwan en casa para que se fuese preparando y me fui al Aeropuerto a buscar a mi gran viajero. Deseaba ver que aspecto traía; se transforma en cada país que conoce, se mimetiza con sus gentes. Las ruedas chirriaron sobre la gravilla suelta y el M3 culeó, así fuertemente el volante y lo enderecé. Me gusta comportarme como una niña caprichosa, haciendo siempre lo prohibido, riéndome de la vida.

Puse la música a todo volumen, el avión en el que Alex llegaba, se cruzó en el autopista más o menos a 300 metros de altura sobre mí, el corazón me latía fuerte.

El bosque II

bosque

Esa interrupción repentina, ese vacio ardoroso, apasionado e impetuoso hizo fluir el néctar por mi interior. Mi esencia chorreaba entre mis muslos, por la cara interior de mis piernas,mis pechos estaban hinchados por la excitación y Jon estaba empalmadísimo, su polla bamboleaba erguida, esa oscilación obscena me puso muy cachonda. Me resultó fácil subir hasta la gran rama que albergaría nuestra fogosidad, metí entre las cortezas del tronco, los dedos de los pies para subir; en alguna ocasión se desprendieron por el peso de mi cuerpo, produciendo en mi en cada resbalón un respingo que recorrió mi espalda, azarándome y haciendome temblar, excitándome aún más, me agarraba muy fuerte en el tronco y poco a poco llegué. En el último paso Jon me tendió su fuerte mano y tiró de mí.

Nuestros cuerpos se pegaron, aplacando el vértigo, encontrando la calma, la ternura, la delicadeza, el mimo. Dimos paso a los besos, electrizantes, arrebatadores, nuestras lenguas jugaban, era una espiral muy dulce , las caricias cada vez más intensas. Jon tenía su polla muy dura, rozaba con ella mi vientre. Acaricié mi coñito buscando la humedad para empapar mis dedos y con ellos muy mojados, con las yemas acaricié suavemente desde sus huevos hasta su glande, volví a llevar mis dedos a mi chochito y continué, notaba como Jon respiraba cada vez más agitado. Con sus brazos me rodeaba a mí y se cogía al tronco del árbol aprisionandome, para no caernos. Flexionó un poquito sus piernas y me la metió toda , su verga dentro de mi, resbalando, bailando, serpenteando, yo apreté mis muslos, mi vagina para tenerle atrapado, para que no se fuese, para quedar eternamente así, follada, follando…

Los gritos de placer se ahogaban en mi garganta, no quería más que oir su respiración, su postura casi imposible también tenía sonido, casi imperceptible pero mágico; llenaba mi espíritu. Mordió mi cuello y yo sus labios hasta hacerle sangre, sangre calida que chupé mientras me asía fuerte con mis manos detrás de mi espalda abrazando el tronco que también chorreaba resina pegajosa que se adería a mi piel como caramelo.

Los ojos de Jon brillaban, sus movimientos se hicieron más rápidos, más bestiales, sádicos, casi irracionales.

Me gustaba como me estaba follando, me sentí tan indefensa y tan henchida al mismo tiempo que me corrí, me corrí, me corrí muchísimo, mucho, más que nunca.

Grité, no pude contenerme y Jon se convulsionó, sacudiéndome una y otra, una y otra vez, corriéndose, llenándome con su esperma, su leche caliente me quemaba…

El bosque I

BOSQUE

Completamente desnudos y descalzos, Sentirnos salvajes como los animales. Lo habíamos hablado muchas veces, queríamos limpiar nuestras almas y disfrutar únicamente de nuestros cuerpos y la naturaleza.

Ver así, desnudos, entrelazando nuestras manos; el cielo, los árboles y sentir el aire fresco en nuestras pieles cálidas y mirar como zarandeaba las copas de los robles, las hayas y las secuoyas.

Sin palabras, tan solo miradas, caricias, besos, gestos; sintiendo, siendo, viviendo.

Los olores del bosque me embriagaban, tumbada sobre la húmeda hierba, mirando el cielo azul, con los brazos totalmente extendidos, con las rodillas en mis pechos y mis pies sobre su torso, apoyados mis muslos sobre sus piernas, me penetró llenándome completamente.

Sus músculos se marcaban aún más en cada movimiento hacia mi, se mordisqueaba sus labios, su lengua los recorria y me follaba como tantas veces habíamos hablado, sin piedad, brutalmente, cada vez con más fuerza, cada vez más llena de él.

Ni una sola palabra, solo nuestras miradas, nuestros ojos brillaban con el reflejo del sol, me sentía muy dichosa, libre y muy excitada.

De pronto se quedó quieto, salió de mi, me cogió de las manos ayudándome a levantarme y me guió tras de sí para que trepase a un gran tronco de un árbol…

Los dos para mí III

Alex y Jon

Me quedé totalmente relajada después del polvazo tan espectacular que disfrutamos los tres juntos.

Ahora nos duchábamos en el gimnasio que Alex habilitó en la planta baja de su acojedora casa.

El gel resbalando por nuestras pieles, las caricias formando espuma blanca en nuestros cuerpos. Los tres de nuevo muy excitados, mis pezones estan duros, mi humedad se mezcla en mi coñito con el agua de la ducha, que resbala entre mis labios y Alex al acariciarme, distingue muy bien cual es mi humedad y cual es del agua de la ducha; así me lo susurró al oido, enervándome todavía más mientras el brillo de los ojos de Jon clavados en mis ojos parecen pedirme algo . Muy juntitos los tres en la ducha ducha hidromasaje, encerrados en esta esférica cabina de cristal, disfrutando de nuestros cuerpos calientes, gozando cada segundo. Me pongo de cuclillas, con las piernas bien abiertas, para lamerles a los dos la polla, me agarró con cada mano a cada una de ellas sintiendo todo el poderío que tienen.

El tamaño y el grosor de la polla de Alex y Jon son diferentes. Quiero disfrutar a tope con ellas, así que les imploro que las unan y las puntitas se rozan. Meto mi lengua entre esa unión y comienzo lentamente a lamer una y otra, una y otra, lentamente, muy despacio, saboreándolas, disfrutando de cada surco de sus pieles, de los bultitos que forman las venas que bombean la sangre que hace que esten así de duras. Sigo lamiéndolas por todos los lados, gozando, y mientras lamo la polla de Alex la de Jon roza mis mejilla, mi nariz, choca contra mi barbilla, contra mis labios como queriendo entrar en mi boca y les miro a ellos, a Alex y a Jon que se acarician y se besan desenfrenadamente. El ritmo de nuestros besos va aumentando. Jon consigue meter su gruesa polla en mi boca y Alex busca un hueco también por donde entrar. Las dos no caben en mi bokita pero mantienen una lucha por estar, por entrar. Esa lucha que mantienen desencadena un orgasmo muy placentero en mí y el agua cálido que resbala por mi clítoris, por mis labios se vuelve la caricia perfecta del elemento agua.

Me levanto y me pego al cristal de la ducha, Alex me penetra por detrás y Jon folla el culito de Alex y los tres gemimos. Yo estoy tan cachonda que vuelvo a correrme en seguida.

Los dos para mí este maravilloso día, los dos han sido míos y dejo que ellos continúen follándose, como cuando llegué al jardín esta tarde, ellos dos solos.

Salen de la ducha y se tumban en la cama y se follan y les miro envuelta en el albornoz de Alex,hasta dormirme agotada en el sofá .

Los dos para mí II

Los dos para m II

Los tres estábamos ardiendo, entregados en darnos placer, en el goce del otro.

Jon me giró, giró mis caderas, mi culito en dirección a su miembro, al instante noté su lengua recorrer mis húmedos labios deslizándola por todo mi chochito, por todo mi culito sin control,excitándome más que nunca.

Tenía a Alex atrapado en mi boca, resbalando con toda su polla en mi paladar, mi lengua, mis labios. Alex tiene un sabor inconfundible, me gusta lamerle, saborearle, sabe deliciosamente bien. Mientras Alex movía su miembro dentro de mi boquita entrando y saliendo, acariciaba las nalgas de Jon que seguía penetrándome con su lengua.

Estaba totalmente abierta de piernas, cada milímetro de mi piel gozaba de unas sensaciones extraordinarias con las miradas,los besos y las lamidas que me daban a mí y que se prodigaban entre ellos.

Jon apretó mis caderás ahora más fuerte y me menéo, me llenó toda.Su polla gruesa dentro de mi me hacía flotar. Me corrí al instante, los dos follándome, gémi sin parar con cada oleada de placer, Alex se derramaba, su semén llenó mi boca mientras Jon no paraba , seguía follándome frenéticamente. Estaba sintiendo un inmenso placer, un orgasmo tras otro pues Jon seguía y seguía, los tres emitíamos gemidos desacompasados, unos gemidos muy excitantes que se mezclaban y nos elevaban. …

Los dos para mí I

pool

No había avisado a Alex que iría a verle, así que  al entrar en el jardín procuré que mis movimientos, mi presencia, no interfiriesen en ese momento tan apasionado que demostraban estar gozando. Mi vestido de seda se deslizó por mi piel hasta caerse ligeramente al suelo. Mis pechos quedaron desnudos.Alex y Jon volvieron sus caras pegaditas hacia mí y siguieron jugando con sus lenguas, mordiéndose uno a otro los labios, eso me excitó muchísimo.

Caminé despacio, insinuándome, moviendo mis caderas a cada paso. Me paré justo en el medio del largo de la piscina y me senté sumergiendo las piernas en el agua hasta las rodillas. Mis zapatos de tacón pronto se llenaron de agua, excitante sensación que me puso aún más caliente. Me acosté haciá atrás y ladeé mi cabeza para ver a Alex y Jon besarse. Sus lenguas se entrelazaban.

 Jon con su fuerte mano masturbaba a Alex que tenía la polla muy erguida. Jon también estaba muy empalmado, yo no les quitaba ojo, estaba muy excitada viéndolos. Llevé mis manos a mis pechos y comencé a acariciármelos a estrujármelos mientras seguía comtemplando cada movimiento de los dos.

Jon acercó su gordísima polla al muslo de Alex. Me humedecí muchísimo al verlo, me puse más caliente.

Acaricié mi abdomen, mi pubis y mis deditos comenzaron a recorrer mis húmedos labios, a resbalar entre cada pliegue. A punto de correrme a cada roce con mis dedos en mi clítoris. Estaba muy excitada, muy cachonda.

Se susurraron algo que no pude oir. Me encantaba verlos así, excitados, desnudos, morenos.

Se separaron un poquito mirándose fijamente a los ojos y al ponerse de nuevo uno frete al otro sus pollas se chocaron, me miraron sonriéndome, tuve que contenerme, no quería correrme aún, quería seguir así, en ese punto de excitación, al borde del climax, en el borde de la piscina. Me quité lentamente el tanguita; sus gruesas y enormes pollas se rozaban una contra la otra.

Me penetré con un dedito, deseaba esas enormes pollas, los deseaba a los dos, y al mismo tiempo quería verlos follándose. estaba ansiosa, tenía la respiración muy agitada.

Gateé sobré el cesped con los zapatos de tacón completamente mojados al igual que yo lo estaba, muy húmeda, y me acerqué poco a poco donde ellos.

Alex me ofreció su polla y le chupé el glande muy despacio al tiempo que mi mano agarró con todas mis fuerzas la verga de Jon, mientras ellos se comian las boquitas el uno al otro…

Sueños

sueños

Mientras duermes comienzo a darte besos y suaves caricias por todo el cuerpo, muy lentamente. Me deslizo en ti por todos los rincones, mis labios te recorren, buscando todo de ti, buscando tu polla, para excitarla, para que se ponga dura como a mi me gusta . Y a medida que lo consigo, que se va poniendo tiesa y gorda me excito más y más, es entonces cuando no me puedo refrenar, así pues la lamo, desde la base hasta la puntita, desde la puntita hasta la base, noto como tu respiración se hace más intensa y me pone muy cachonda. Meto el glande en mi boquita y lo chupo, lo chupo y lo succiono una y otra vez, jugueteando con mi lengua sobre el y a continuación la meto toda lentamente en mi boca. MIs labios recorren despacio la punta de tu polla y voy bajando por todo tu tronco duro y grueso, excitado sintiendo todas tus venas, toda la dureza que tienes, todo tu poderio que me hace perder la cabeza y que mi cuerpo arda de deseos.

Mi excitación hace que te coma más y más rápido, mi boca se llena de ti y se perturba sin ti, te como, te beso, te lamo, te chupo, mi lengua no puede estarse quieta, recorre tu polla intensamente, saboreándola, disfrutando, gozando y tú soñando.

De pronto te corres en mi boca, siento el calor de tu semen en mi lengua, en mi garganta, en mi paladar, te corres en mi como nunca antes lo has hecho.

Soñando…

Viaja por mi piel II

SPORTAbri la cristalera corredera que da acceso al jardín, las camelias rojas y rosas estaban expléndidas. El viento zarandeaba las hojas de los árboles y producía ondulaciones en el agua de la piscina. Hacía calor, cenábamos allí afuera, estaba encantada de compartir esa noche con él, la eufonía de sus experiencias me transportaban como si hubiese vivido con el todo lo que me contaba.Cruzó sus manos cogiendo el borde de la camiseta y alzó los brazos para sacársela, dejando desnudo su musculoso torso, sus brazos fibrosos, su abdomen marcado que me estimuló y enardeció en un segundo.

El seguía contándome su periplo, mil anécdotas que me gustaba oír salir de sus labios.

Mi piel ardía, nos mirábamos, mientras cada uno de nosotros seguía a lo suyo; el narrándome y acomodándose, recostándose relajado sobre el respaldo de la silla y separando sus piernas vigorosas y yo muy despacio quitándome la blusa, dejando mis pechos desnudos, bajé mi pantalón insinuándome, mostrándole todo mi pubis, pues no llevaba braguitas.

Me senté posando los pies en el asiento y con las piernas muy abiertas comencé a acariciar mis mejillas, mi barbilla, mi cuello con las yemas de mis dedos, escuchando y mirando a Alex en todo momento. Lentamente deslicé mi dedo índice de una mano entre mis pechos en línea recta hasta llegar al ombligo, al mismo tiempo que con la otra mano acariciaba el interior de mis piernas. Estaba muy excitada y húmeda, mi dedo índice ascendía esta vez dibujando eses hasta llegar de nuevo a mi barbilla, hasta mis labios y con mi lengua lo rodeé, lo mojé y lo llevé a un pezón, exaltándolo, haciendo que se pusiera duro, regresó de nuevo el dedo a mi boca y esta vez lo chupé como deseaba chupar el miembro erguido de Älex que se hacía ya notar debajo de sus mayas deportivas.

Los dos estábamos supercalientes.

Chupé mi dedo mientras me seguía acariciando más inténsamente con mi otra mano, presionando mis muslos como podía en esa postura. Me llevé el dedo húmedo directamente a mi clítoris hinchado y muy caliente y con delicadeza lo rocé despacito, estaba extasiada. Alex seguía con su descripción de los hermosos y verdes lugares que recorrió, su voz ahora de excitación y su mano apretando su polla por encima de ese pantaloncito y mirándono. Clair de Luna sonaba, los violines el calor de la noche, me estrujaba con sensualidad mis pechos para el , para excitarme más, deseando sus caricias, deseando follarle.

-Ven aquí.- me dijo.

-Alexxx.-respondí totalmente cachonda.

Me puse de cuclillas entre sus piernas, me agarré a sus rodillas y me dió todo su pene tieso, grueso, caliente. Acarició mi cara con él, al pasarlo entre mis labios saqué la lengua para mojárselo. Golpeó con su polla dura mis labios y chupé su glande, saboreando cada relieve, cada surco de su piel, mientras dos de mis dedos jugaban dentro de mi vagina, los movía procurándome más placer. Alex acariciaba mi pelo y movía su cadera hundiéndome su verga en mi boquita, la tenía muy gorda me llenaba toda mi boca, hasta mi garganta.

Acarició mis hombros, el violín de esta pieza de música hacía más intensos estos momentos.

Acarició mis brazos y me agarró las muñecas alzándonos a la vez, poniéndonos de pie, yo desnuda y él con sus pantalones y su boxer en los tobillos.

Me giró, aparté las cosas de la mesa y me eché sobre ella. Alex me penetró con fuerza, me llenó y sentí una gran oleada de placer. Cuanto más dentro de mi estaba, más sonoros eran mis gemidos, no quería contenerlos, quería gritar y en cada embestida, me mojaba más y más, más y más…

No parábamos y nuestro ritmo se aceleró, agitado y cada vez más rápido, como nuestros corazones, como nuestra respiración, más rápido, más rápido…

Me corría mientras le escuchaba gemir y él se corrió conmigo.

Viaja por mi piel I

sueñoConduciendo como una loca, con la música muy alta y fumando sin parar. Cantando cada uno de lo temas del único cd que llevaba el discman y que se repetía una y otra vez. De vez en cuando bajaba la ventanilla para que se escapase la gran nube de humo que se iba formando con la suma de una calada tras otra de los cigarrillos rubios que fumaba hasta el filtro en el trayecto que me separaba de mi casa a casa de Alex.Hacía meses que no nos veíamos.

Estaba muy excitada de pensar en su imponente físico, su mirada dulce y gris, su voz penetrante…

Acababa de llegar de Birmania y me había traido un regalo; eso fue lo que me dijo por teléfono.

Me di cuenta llegando a casa de Alex que ni tan siquiera me había puesto una braguita. Este hombre hace que pierda la cabeza, me agita, me seduce, me inquieta tanto que parece un sueño, pues además viene y va como los sueños. Hoy está aquí en Madrid y mañana en la China comiéndose sushi.

Se abrió el portón sin haber llamado y mientras buscaba en mi bolso un par de chicles y atusaba un poco mi cabello rebelde Alex ya caminaba hacía mi. Sus piernas atléticas y arqueadas daban pasos en dirección a mi…

Tomé un trago largo de agua que quedaba en el botellin que estaba olvidado de quién sabe qué día en el asiento de al lado. De tanto fumar mi olor parecía el de un cenicero, Alex tan deportista y sano nunca comprende que me fume un paquete y medio a diario. Tan solo cuando salgo con él fumo bastante menos, sin llegar a terminar una cajetilla, todo un triunfo.

Pasé la lengua por mis labios y los mordisqueé un poco para enrojecerlos, ya masticaba un chicle de menta que enmascararía ese olor del tabaco por si Alex me besaba.

La última vez que estuvimos juntos, habíamos discutido por mi culpa.

Me abrió la puerta del coche.

-Dana tenía ganas de verte, ¿cómo está la carretera, mucho tráfico?.- me pasó el brazo rodeándome los hombros y apretándome contra el.

Giré mi cabeza buscando su mirada, sus labios. Alex deslizó su mano lentamente por mi espalda y siguió bajando hasta llegar a mi muslo, me lo apretó con su grande y fuerte mano y me dió un azoté excitante.

Me quité los playeros encima del felpudo de la entrada y allí se quedaron. Posé mi bolso sobre el sofá del salón, la música de Debussy sonaba y una lámpara que había traido Alex de su viaje a Venecia iluminaba ténuemente la acogedora estancia.

Alex me da paz, su manera de ser tan libre y sereno hace que me sienta la mujer más dichosa del universo.

Me fui a la cocina detrás de él. Estaba preparando un miniágape, así celebraríamos su regreso después de dos meses fuera viviendo día tras día, una y otra aventura.

Descorché una botella de vino del Duero, llené hasta la mitad cada una de las copas y brindamos.

Perderme en sus ojos es lo más maravilloso de mi vida y hacer el amor con el lo más placentero e impúdico.

Me domina como ningún otro hombre ha sabido hacer follándome, hasta dejarme exhausta, desmayada…

La ventana VII

reflexión

Salí del hotel mirando en todas direcciones; cada coche que se cruzaba delante de mí, cada movimiento que consideré extraño de cualquier persona, cada puerta o ventana que se abría. Todo, ahora tenía que estar bien alerta.

Si Jean estaba en Runia, era casi seguro que no estaba solo.

Casi habíamos tirado la toalla, pensando que se nos había escapado sin dar al menos con un mínimo rastro, una pista que nos condujese al objetivo.

Me di cuenta que era Jean el hombre que buscábamos, al amanecer mientras estaba dormido a mi lado y la luz de la mañana iluminaba tenuemente la habitación; su tatuaje en el hombro lo delató.

Lo que no podía saber era, si él también tenía conocimiento de quién era yo.

Si todo estaba planeado.

Si había caido sin darme cuenta en la boca del lobo.

No dejaban de fluir en mi mente, preguntas sobre todo esto.

Sobre este casual y desenfrenado encuentro.

Este encargo estaba por encima de todo lo demás y todas las dudas a cerca de lo ocurrido, me ocupaba un espacio que no debía desde el  instante que su piel me reveló inesperadamente su identidad.

La ventana VI

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En aquella cena todo sucedió muy rápido.

Mi vida las treinta y seis horas siguientes fueron definitivas para adentrarme en este mundo de espionaje del que tan sólo mis superiores tienen conocimiento.

En esas intensas horas, entre otras cosas también descubrí que todo había sido organizado para mi reclusión.

Un futuro diferente al que me imaginaba estaba delante de mi.

Hablábamos de las relaciones internacionales, de las políticas públicas y tantos otros temas de interés para mi formación.

Mi profesora Agnes es miembro hace muchos años de este grupo. Ella me explicó, ella me inició…

Tres meses de intenso aprendizaje y evaluación constante.

Porvocar un atasco en el centro de Bilbao, memorizar horarios, destinos de diez vuelos en un aeropuerto.

Y ahora ella es mi enlace superior.

Me hacía de pronto, recordar medidas de seguridad: salidas, cámaras, interruptores de cualquier estancia o edificio que se le ocurriese.

Tres meses de seguimiento, establecer contactos, obtención de datos, realización de informes.

Nadie en mi entorno lo sabe, nadie conoce esta actividad, es mi gran secreto. Mi trabajo.

Necesito un buen desayuno, me dije.

Busqué los zapatos debajo de la cama.

El té del buffet del hotel no estaba mal…

La ventana V

Néctar

La habitación se llenó de desenfrenada pasión, rítmicos y acompasados movimientos, susurros…

Nuestros cuerpos buscándose en la inmensa pradera de la sensualidad.

Las primeras luces se colaban por la ventana.

Jean salió de la cama sigilosamente.

No quise que se diera cuenta que estaba despierta, así que cerré los ojos.

Me besó en el cuello y unos segundos después la puerta de la habitación se cerró tras él. Se había ido ya.

Estaba segura de que Jean era la persona que buscaba.

Tenía que reunirme con Agnes; comunicarle los últimos acontecimientos.

Estaba tremendamente confusa.

Me di una ducha.

La ventana IV

No puede ser

Los sillones estaban tapizados de otomán, el ambiente era cálido e íntimo.

Nos sentamos al lado de una gran cristalera, cuya vista nos descubría la grandeza del mar ese lluvioso día.

Marabillosa espiral que formaba el agua de la lluvia entremezclándose con el agua salada del Mediterráneo.

Nos descubrimos el uno a el otro, entre cuencos de porcelana repletos  de arroz salvaje y frutas exóticas.

Estaré un par de días más en Runia. Mañana tengo una entrevista a primera hora y una crónica.- Jean estaba por motivos laborales en esta ciudad.- Las tardes las tengo libres. Se está despejando el cielo,¿nos damos un paseo por la playa?

-Tengo el billete de regreso a Bilbao y mi avión sale en tres horas.

Tengo que recoger un par de cosas nada más para cerrar la maleta, sí me apetece pasear antes de irme.

Salimos directamente a la playa por un acceso que tiene el restaurante.

Pasear a la orilla del  mar, mirando como rompían las olas, como se formaba la blanca espuma, fue todo un momento de sosiego, mientras continuábamos descubriéndonos…

El horizonte completaba la tarde. Grandes masas de nubes grises moldeándose caprichosamente a gusto del viento.

Fui recogiendo valvas, que guardé dentro de el paraguas.

-Mis manos están frías-comenté.

-¿Y tú corazón?.-La pregunta que Jean me hacía me sorprendió, y al mismo tiempo me gustó que algo así me sucediese.

-Mi corazón está latiendo muy fuerte ahora,¿y el tuyo?.-dije

-Mi corazón está triste porque el tuyo se va y quizás nunca más vuelvan a estar cerca.

Me acerqué a él y le abracé. Me envolvió entre sus brazos.

Estaba embriagada por su olor y su abrazo.

Tan sólo me quedaba una hora para irme.

-Te doy mi dirección y mi teléfono, si te pasas por allí y te apetece llámame.

-¡Quédate!¡Quédate conmigo!.-me susurró.

Si no me lo hubiese pedido, probablemente no me habría quedado.

Nunca he sido lo suficientemente osada, para declarar con naturalidad mis sentimientos.

Me separé de él lo justo para mirarle a sus preciosos ojos verdes y asentí.

Acercó sus labios a los míos y me besó delicadamente.

Esta misma mañana suspiraba por amar y ahora me besaba con Jean…

La ventana III

Sólo tú

Llegué a Runia para tomarme un tiempo de descanso, visitar algún museo, bañarme en la playa, tomar el sol; después del intenso trabajo que me había ocupado la realización de mi tesis.

Dos años abstraida por completo del resto del mundo. Dos años lejos de pensar en cualquier relación sentimental, de viajar, de salir de compras…

Mirando a los hombres como simples compañeros y amigos, lejos de cualquier cosa que pudiese distraerme en mi objetivo de poner fin a la tesis que me sirviese para después del doctorado, y compaginándolo con mi formación secreta.

Ahora estaba abierta a vivir lo que se había quedado en el camino, ahora de pronto mi mirada pendía de la suya en un instante mágico que no quería que acabase.

-Has dicho que te vas,¿tienes tiempo para ir a comer algo, juntos?-me dijo sin dejar de mirarnos.- Tan solo necesito quince minutos para darme una ducha y cambiar de ropa.¿Qué dices?

-Claro, sí, tengo tiempo.-tenía todo el tiempo del mundo, había sacado el billete de vuelta porque ya había recorrido Runia por todos los rincones.

-Bien entonces nos vemos en recepción. Quince minutos, tan sólo tardo quince minutos. Mi nombre es Jean, estoy en la habitación 9.

-De acuerdo en recepción, sí quince minutos.-le sonreí mientras el subía las escaleras de dos en dos sin dejar de mirarme.

Yo también subí las escaleras de dos en dos cuando había perdido de vista a Jean.

Necesitaba arreglarme un poco, era una locura quedar con él sin conocerle, pero no me importaba nada en esos momentos. Nada.

Me descalcé con los mismos pies, lanzando los zapatos debajo de la cama, me quité la camisa y me puse una camiseta de rayas azules…

Su habitación era la 9.

Su habitación era la 9 y estaba al otro extremo del pasillo.

Seguía lloviendo y tronando, el sonido se colaba por la abertura de la ventana rota, tenía que llamar a recepción para avisar.

Abrí la puerta de mi habitación y miré al fondo, tan solo nos separaban unos metros.

Sonó el teléfono y corrí a contestar. Descolgué el auricular y ahí estaba mi hermana con su risa sonora y hablando sin parar de sus niñas, contándome lo mucho que corretean ya por toda la casa y lo mucho que recuerda cuando nosotras éramos pequeñas como ellas:

-La genética Julia, es la genética, ¿qué tal estás?, ¿cómo te va?, cuéntame…

-Me alegra oirte, estoy bien. Esta ciudad es muy bonita, además la playa está cerca del hotel, he ido a diario a bañarme. Por fin he podido desconectar de todo.- Le conté en un momento en que ella cogía aire para seguir con sus cosas, pues es de ese tipo de personas que te cuenta todo y casi no te dejan hablar.

De las dos ella es la extrovertida. Es fantástica, siempre está preocupada por todos, siempre está ahí cuando la necesitas.

- Pues nada ya me contarás con más detalle cuando vengas a visitarnos, te prepararé una tarta de chocolate, la haré con las niñas, las encargaré de que la decoren. Inman está podando el jardín me ha dicho que te mande un abrazo telefónico, – se reía y continuaba contándome.

Un momento Covadonga, están llamando a la puerta.- le dije a mi hermana.

Fui a ver quién era y miré el reloj, había pasado más de treinta minutos al teléfono sin darme cuenta.

Ábrí, era Jean.

-Pasa por favor, estoy hablando por teléfono, un segundo y nos vamos.-

Se me había pasado el tiempo volando.

-Muy bien, no hay prisa.

Mientras me despedía de mi hermana, Jean se sentó encima de la cama, estaba rabiosamente guapo.

¡Quién era? Un hombre que no conocía absolutamente de nada estaba ahí en mi habitación.

Se levanto y se acercó a la ventana, miró el desperfecto y trató de arreglarla. Del suelo recogió algo que no pude ver.

Despues introdujo un aquello que recogió  y le dió vueltas. La falleba ya no bailaba.

Colgué el teléfono y metí las manos en los bolsillos de la falda, no sabía que hacer con ellas.

-Bueno tendremos que llevarnos un paraguas, con la que está cayendo,¿llevas muchos días por aquí?.- Fue lo promero que se me ocurrió, la verdad es que me pareció la mejor manera de comenzar a poner un poco de orden a esta situación que me descolocaba.

-Llevo cuatro días, sí. conozco algunos sitios donde tienen buena mesa.- me decía mientras con aire de curiosidad  observaba toda la estancia.

Ahora estábamos en medio de la habitación; es bastante más alto que yo y los zapatos de tacón los tenía debajo de la cama. Que horror, me avergonzaba tener que agacharme a buscarlos.

Disimuladamente le miré; llevaba unos vaqueros y una camiseta deportiva negra.

Estaba descalza haciendo tiempo de un lado al otro para no sé qué, mientras me ponía un par de pulseras, ya había decidido no arrodillarme a coger los zapatos.

Así que abrí la cómoda donde guardaba aún el resto de calzado y lo que mejor me combinaba eran las francesitas azules.

-Podemos irnos, ya estoy lista. Siento que hayas tenido que esperar, siempre que hablo con mi hermana me lío.

-¿Qué te trajo aquí?.-me preguntó mientras salíamos ya al pasillo.

La conversación de camino al restaurante que el decidió llevarme estaba siendo agradable; el paraguas pequeño…

La ventana II

Las placas de emergencia de los hoteles tan sólo sirven para indicar por donde hay que proseguir el camino, pero la luz que desprenden no ilumina como para ver ni tan siquiera un escalón, así que tampoco podía ver quién era.

Esta vez tronó tan fuerte que parecía que se iba a derrumbar el hotel.

-¿te has hecho daño? al caerte te…

No dejé que prosiguiera con las preguntas, no me había hecho daño.

- De veras, no pasa nada, no me duele nada, he caído sentada.- Seguí hablando y le conté  que bajaba a recepción porque la falleba de la ventana de mi habitación se había roto y quería avisar antes de irme.

Volvió la luz en ese instante.

-¿Te vas hoy?

El corazón me dió un vuelco.

Sus ojos verdes, su pelo rojizo chorreando, su camisa pegada al torso por el agua de la lluvia que minutos antes había visto como lo mojaba.

Era el chico pelirrojo que estaba abajo en la calle mirando hacia la ventana, no sé si a mi, pero…

De cerca me pareció aún mas atractivo, su tez tan peculiar y su físico atlético me erotizó.

La ventana I

la ventana

La falleba de la ventana estaba rota, gracias a eso me quedé durante más tiempo observando todo lo que se movía en las calles aquella tarde de primavera.

Una pareja cruzó pedaleando sobre un tándem. Los seguí con la mirada hasta que entraron en la callejuela que va a dar a la plaza empedrada de la ciudad.

Amantes por todos los rincones del pénsil prodigándose caricias y gestos de amor, susurrándose al oído, quién sabe cuántas promesas y deseos.

Todo aquello que atrapaba mi atención, era lo que necesitaba para mi en ese momento.

Traté de colocar la ventana, pero no se sujetaba.

Mi maleta aún estaba abierta sobre la cama, me quedaba alguna cosa por guardar.

Ahí estaba yo manteniendo un soliloquio en mi pensamiento sobre mi necesidad de amar y ser amada, con el ventanal cada vez más pesado en mis manos, cuando al volver a mirar al exterior, un hombre fornido de cabellos rojizos y ondulantes me sorprendió.

Miraba fijamente hacia la ventana…¿Me miraba a mi?

Un relámpago anunció la llegada de la gran tromba de agua que de pronto caía. Las enormes y redondas gotas de lluvia chocaban contra los adoquines y se multiplicaban…

Sus pies se mojaban, los caite que llevaba estaban ya empapados. Me parecía adorable, un adonis.

Era una situación absurda. No podía dejar de mirarle, ¿qué hacía ahí mojándose?

Coloqué como pude la falleba sobre el alféizar, mi corazón de pronto latía fuerte.

Cuando volví a mirar, ya no estaba, no había nadie en el hermoso jardín; continuaba lloviendo. El olor a azahar que desprendían los limoneros llegaba a mi ahora más penetrante. El olor a jazmín parecía lacrar unos minutos mágicos.

Se me ocurrió bajar a avisar del desperfecto de la ventana a recepción.

El hotel es antiguo, pero me gusta su situación apartado del bullicio del centro de la ciudad. El suelo mullido de moqueta verde, las paredes cubiertas de papel pintado con dibujos de ramos de grandes flores en tonos pastel. Lámparas de bronce y espejos desgastados. Un enorme cabecero de madera esculpida de ángeles. Altísimas mesillas de noche a cada lado de la cama y que al llegar la noche crujen.

Los truenos siguen acompañando la tormenta que no cesa.

Es un edificio de dos plantas. Justo cuando bajaba hacía recepción, se fue la luz; estaba en medio de la escalera que da al hall principal.

Alguien que subía rápido no me vió. Nos estrellamos o más bien, el se estrelló contra mí. Me caí de golpe sentada sobre uno de los grandes peldaños-

-Se fue la luz:- dije.

-¡Oh! Lo siento no te vi.- Dijo el chico en tono de disculpa.

-No me has  hecho daño, no pasa nada.- Me levanté con su ayuda, me cogió del brazo para alzarme. Noté una mano fuerte que me asía con firmeza.

Tu mirada me acaricia.

Sentí la caricia de tú mirada en mi piel.

La arena en la playa nos aguarda.

Sólo el calor de tú cuerpo deseo, sólo tus manos en mis pechos, sólo tus labios besando mi sexo, sólo tú torso, sólo tú cuello, sólo tú , sólo tú tiempo a la orilla del mar.

Separo mis piernas y te quiero dentro, sin parar de moverme al compás del viento.

-Tómame así, así…

Resplandece en el océano la luna y la pasión.

-Sal de mí, quiero darte un beso.-Y te miro mientras lo hago, mientras te beso.

El sonido de las olas que rompen mojando nuestros cuerpos, me embriaga y quiero volver a tenerte dentro.

Magnetismo irresistible

Y te espero…

Y te ofreces  a mis labios carnosos que esperan húmedos que me poseas ya.

Tu masculinidad está por doquier, allí donde vaya, por lejos que huya, está.

Salvaje…

No puedo dejar de pensar en tu piel, en tus manos…

Me gusta; como me gusta el diamante o el rubí sin pulir.

Quiero tenerte en mi cama y que se llene de besos caidos de nuestros labios. Quiero amordazarte y  amarrarte a mi cama, cabalgarte hasta hacerte derramar.

 

 

Más que deseo.

Largo tiempo de silencios.

De repente mis pétalos se agitaron con tu aleteo, electrizándome.

Me dió un vuelco el verde pensamiento que ya había encerrado en la caja dorada, para apartar en el desván  de los recuerdos  y seguir enredándome en el  leñoso tronco de la vida.

Me rozaste con tu pico y brotó el néctar  por mis poros, serpenteé con mi cadera hasta alcanzar tu miembro y …

Te fuiste de nuevo. Aún tiemblo.

Esta oscilación me perturba, me excita más y más.

Lábil sin tu pasión.

La otra noche perdí dos pétalos y hoy pierdo la ternura  con que te espero y me invade un sentimiento desecante.

Mis raíces quisieran desprenderse de la tierra que las está oprimiendo, pero me siento lábil.

Estos pensamientos verdes me hacen estar  más lasciva y  algo confusa.

Te deseo, te deseo y … si no me besas, si no me enredo  en ti me marchito.

OQUEDAD

Humeante sobre la mesilla de noche, la taza con té y a su lado el vaso evaporado con una rama de romero.

No me duermo sin el y dormir tampoco quiero.

¿Sintió el vértigo?

El amargo sabor del templado té, el cansancio de mirar sin poderle ver, de escuchar sin oirle…

El suspiro profundo con alas de colores y la escarcha que se forma con el frío de la cama despojada.

Me siento estatua de mármol blanco.

Apuro el último trago y al cerrar los ojos cuajados de rocío, le sueño sin estar dormida.

Reboso el vaso evaporado, a ver si así rebrota el romero.

Desde la atalaya del bosque de sábanas arrugadas en un fugaz recuerdo,pierdo dos pétalos blancos…

Brillaran

Quedan libres de la mazmorra  de mi cerebro.

Las expulsa mi alma primitiva desde la tierra que no es mía, ni me pertenece; a modo de catarsis sin proferir sonido alguno. No centellean tampoco, pero quiero que brillen cuando recuerdes que has estado aquí y que esa estela va siempre con los dos.

El viento me zarandea, mis ojos se llenan de polen…

Es virgen.

Va conmigo,

si el sol me irradia de frente,

ella se extiende a mi espalda.

Plana, sin relieve, silenciosa y alargada.

Va pegada a mi y ni siquiera me pesa.

No canta, no respira, no es dueña

de sí misma.

Va conmigo,

si el sol me irradia los talones

ella se me adelanta.

Y no tiene prisa ni risa, ni tan siquiera sonrisa.

Ni se va con la brisa.

No es de seda roja.

Está muda y proyectada…

Ahora en la aldea.

No quiero dormir, ni quiero soñar…

Tan solo vivir, para después irme de aquí, allí dónde los demás…