Archivar paraMarzo, 2007

La ventana VII

reflexión

Salí del hotel mirando en todas direcciones; cada coche que se cruzaba delante de mí, cada movimiento que consideré extraño de cualquier persona, cada puerta o ventana que se abría. Todo, ahora tenía que estar bien alerta.

Si Jean estaba en Runia, era casi seguro que no estaba solo.

Casi habíamos tirado la toalla, pensando que se nos había escapado sin dar al menos con un mínimo rastro, una pista que nos condujese al objetivo.

Me di cuenta que era Jean el hombre que buscábamos, al amanecer mientras estaba dormido a mi lado y la luz de la mañana iluminaba tenuemente la habitación; su tatuaje en el hombro lo delató.

Lo que no podía saber era, si él también tenía conocimiento de quién era yo.

Si todo estaba planeado.

Si había caido sin darme cuenta en la boca del lobo.

No dejaban de fluir en mi mente, preguntas sobre todo esto.

Sobre este casual y desenfrenado encuentro.

Este encargo estaba por encima de todo lo demás y todas las dudas a cerca de lo ocurrido, me ocupaba un espacio que no debía desde el  instante que su piel me reveló inesperadamente su identidad.

La ventana VI

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En aquella cena todo sucedió muy rápido.

Mi vida las treinta y seis horas siguientes fueron definitivas para adentrarme en este mundo de espionaje del que tan sólo mis superiores tienen conocimiento.

En esas intensas horas, entre otras cosas también descubrí que todo había sido organizado para mi reclusión.

Un futuro diferente al que me imaginaba estaba delante de mi.

Hablábamos de las relaciones internacionales, de las políticas públicas y tantos otros temas de interés para mi formación.

Mi profesora Agnes es miembro hace muchos años de este grupo. Ella me explicó, ella me inició…

Tres meses de intenso aprendizaje y evaluación constante.

Porvocar un atasco en el centro de Bilbao, memorizar horarios, destinos de diez vuelos en un aeropuerto.

Y ahora ella es mi enlace superior.

Me hacía de pronto, recordar medidas de seguridad: salidas, cámaras, interruptores de cualquier estancia o edificio que se le ocurriese.

Tres meses de seguimiento, establecer contactos, obtención de datos, realización de informes.

Nadie en mi entorno lo sabe, nadie conoce esta actividad, es mi gran secreto. Mi trabajo.

Necesito un buen desayuno, me dije.

Busqué los zapatos debajo de la cama.

El té del buffet del hotel no estaba mal…

La ventana V

Néctar

La habitación se llenó de desenfrenada pasión, rítmicos y acompasados movimientos, susurros…

Nuestros cuerpos buscándose en la inmensa pradera de la sensualidad.

Las primeras luces se colaban por la ventana.

Jean salió de la cama sigilosamente.

No quise que se diera cuenta que estaba despierta, así que cerré los ojos.

Me besó en el cuello y unos segundos después la puerta de la habitación se cerró tras él. Se había ido ya.

Estaba segura de que Jean era la persona que buscaba.

Tenía que reunirme con Agnes; comunicarle los últimos acontecimientos.

Estaba tremendamente confusa.

Me di una ducha.

La ventana IV

No puede ser

Los sillones estaban tapizados de otomán, el ambiente era cálido e íntimo.

Nos sentamos al lado de una gran cristalera, cuya vista nos descubría la grandeza del mar ese lluvioso día.

Marabillosa espiral que formaba el agua de la lluvia entremezclándose con el agua salada del Mediterráneo.

Nos descubrimos el uno a el otro, entre cuencos de porcelana repletos  de arroz salvaje y frutas exóticas.

Estaré un par de días más en Runia. Mañana tengo una entrevista a primera hora y una crónica.- Jean estaba por motivos laborales en esta ciudad.- Las tardes las tengo libres. Se está despejando el cielo,¿nos damos un paseo por la playa?

-Tengo el billete de regreso a Bilbao y mi avión sale en tres horas.

Tengo que recoger un par de cosas nada más para cerrar la maleta, sí me apetece pasear antes de irme.

Salimos directamente a la playa por un acceso que tiene el restaurante.

Pasear a la orilla del  mar, mirando como rompían las olas, como se formaba la blanca espuma, fue todo un momento de sosiego, mientras continuábamos descubriéndonos…

El horizonte completaba la tarde. Grandes masas de nubes grises moldeándose caprichosamente a gusto del viento.

Fui recogiendo valvas, que guardé dentro de el paraguas.

-Mis manos están frías-comenté.

-¿Y tú corazón?.-La pregunta que Jean me hacía me sorprendió, y al mismo tiempo me gustó que algo así me sucediese.

-Mi corazón está latiendo muy fuerte ahora,¿y el tuyo?.-dije

-Mi corazón está triste porque el tuyo se va y quizás nunca más vuelvan a estar cerca.

Me acerqué a él y le abracé. Me envolvió entre sus brazos.

Estaba embriagada por su olor y su abrazo.

Tan sólo me quedaba una hora para irme.

-Te doy mi dirección y mi teléfono, si te pasas por allí y te apetece llámame.

-¡Quédate!¡Quédate conmigo!.-me susurró.

Si no me lo hubiese pedido, probablemente no me habría quedado.

Nunca he sido lo suficientemente osada, para declarar con naturalidad mis sentimientos.

Me separé de él lo justo para mirarle a sus preciosos ojos verdes y asentí.

Acercó sus labios a los míos y me besó delicadamente.

Esta misma mañana suspiraba por amar y ahora me besaba con Jean…

La ventana III

Sólo tú

Llegué a Runia para tomarme un tiempo de descanso, visitar algún museo, bañarme en la playa, tomar el sol; después del intenso trabajo que me había ocupado la realización de mi tesis.

Dos años abstraida por completo del resto del mundo. Dos años lejos de pensar en cualquier relación sentimental, de viajar, de salir de compras…

Mirando a los hombres como simples compañeros y amigos, lejos de cualquier cosa que pudiese distraerme en mi objetivo de poner fin a la tesis que me sirviese para después del doctorado, y compaginándolo con mi formación secreta.

Ahora estaba abierta a vivir lo que se había quedado en el camino, ahora de pronto mi mirada pendía de la suya en un instante mágico que no quería que acabase.

-Has dicho que te vas,¿tienes tiempo para ir a comer algo, juntos?-me dijo sin dejar de mirarnos.- Tan solo necesito quince minutos para darme una ducha y cambiar de ropa.¿Qué dices?

-Claro, sí, tengo tiempo.-tenía todo el tiempo del mundo, había sacado el billete de vuelta porque ya había recorrido Runia por todos los rincones.

-Bien entonces nos vemos en recepción. Quince minutos, tan sólo tardo quince minutos. Mi nombre es Jean, estoy en la habitación 9.

-De acuerdo en recepción, sí quince minutos.-le sonreí mientras el subía las escaleras de dos en dos sin dejar de mirarme.

Yo también subí las escaleras de dos en dos cuando había perdido de vista a Jean.

Necesitaba arreglarme un poco, era una locura quedar con él sin conocerle, pero no me importaba nada en esos momentos. Nada.

Me descalcé con los mismos pies, lanzando los zapatos debajo de la cama, me quité la camisa y me puse una camiseta de rayas azules…

Su habitación era la 9.

Su habitación era la 9 y estaba al otro extremo del pasillo.

Seguía lloviendo y tronando, el sonido se colaba por la abertura de la ventana rota, tenía que llamar a recepción para avisar.

Abrí la puerta de mi habitación y miré al fondo, tan solo nos separaban unos metros.

Sonó el teléfono y corrí a contestar. Descolgué el auricular y ahí estaba mi hermana con su risa sonora y hablando sin parar de sus niñas, contándome lo mucho que corretean ya por toda la casa y lo mucho que recuerda cuando nosotras éramos pequeñas como ellas:

-La genética Julia, es la genética, ¿qué tal estás?, ¿cómo te va?, cuéntame…

-Me alegra oirte, estoy bien. Esta ciudad es muy bonita, además la playa está cerca del hotel, he ido a diario a bañarme. Por fin he podido desconectar de todo.- Le conté en un momento en que ella cogía aire para seguir con sus cosas, pues es de ese tipo de personas que te cuenta todo y casi no te dejan hablar.

De las dos ella es la extrovertida. Es fantástica, siempre está preocupada por todos, siempre está ahí cuando la necesitas.

- Pues nada ya me contarás con más detalle cuando vengas a visitarnos, te prepararé una tarta de chocolate, la haré con las niñas, las encargaré de que la decoren. Inman está podando el jardín me ha dicho que te mande un abrazo telefónico, – se reía y continuaba contándome.

Un momento Covadonga, están llamando a la puerta.- le dije a mi hermana.

Fui a ver quién era y miré el reloj, había pasado más de treinta minutos al teléfono sin darme cuenta.

Ábrí, era Jean.

-Pasa por favor, estoy hablando por teléfono, un segundo y nos vamos.-

Se me había pasado el tiempo volando.

-Muy bien, no hay prisa.

Mientras me despedía de mi hermana, Jean se sentó encima de la cama, estaba rabiosamente guapo.

¡Quién era? Un hombre que no conocía absolutamente de nada estaba ahí en mi habitación.

Se levanto y se acercó a la ventana, miró el desperfecto y trató de arreglarla. Del suelo recogió algo que no pude ver.

Despues introdujo un aquello que recogió  y le dió vueltas. La falleba ya no bailaba.

Colgué el teléfono y metí las manos en los bolsillos de la falda, no sabía que hacer con ellas.

-Bueno tendremos que llevarnos un paraguas, con la que está cayendo,¿llevas muchos días por aquí?.- Fue lo promero que se me ocurrió, la verdad es que me pareció la mejor manera de comenzar a poner un poco de orden a esta situación que me descolocaba.

-Llevo cuatro días, sí. conozco algunos sitios donde tienen buena mesa.- me decía mientras con aire de curiosidad  observaba toda la estancia.

Ahora estábamos en medio de la habitación; es bastante más alto que yo y los zapatos de tacón los tenía debajo de la cama. Que horror, me avergonzaba tener que agacharme a buscarlos.

Disimuladamente le miré; llevaba unos vaqueros y una camiseta deportiva negra.

Estaba descalza haciendo tiempo de un lado al otro para no sé qué, mientras me ponía un par de pulseras, ya había decidido no arrodillarme a coger los zapatos.

Así que abrí la cómoda donde guardaba aún el resto de calzado y lo que mejor me combinaba eran las francesitas azules.

-Podemos irnos, ya estoy lista. Siento que hayas tenido que esperar, siempre que hablo con mi hermana me lío.

-¿Qué te trajo aquí?.-me preguntó mientras salíamos ya al pasillo.

La conversación de camino al restaurante que el decidió llevarme estaba siendo agradable; el paraguas pequeño…

La ventana II

Las placas de emergencia de los hoteles tan sólo sirven para indicar por donde hay que proseguir el camino, pero la luz que desprenden no ilumina como para ver ni tan siquiera un escalón, así que tampoco podía ver quién era.

Esta vez tronó tan fuerte que parecía que se iba a derrumbar el hotel.

-¿te has hecho daño? al caerte te…

No dejé que prosiguiera con las preguntas, no me había hecho daño.

- De veras, no pasa nada, no me duele nada, he caído sentada.- Seguí hablando y le conté  que bajaba a recepción porque la falleba de la ventana de mi habitación se había roto y quería avisar antes de irme.

Volvió la luz en ese instante.

-¿Te vas hoy?

El corazón me dió un vuelco.

Sus ojos verdes, su pelo rojizo chorreando, su camisa pegada al torso por el agua de la lluvia que minutos antes había visto como lo mojaba.

Era el chico pelirrojo que estaba abajo en la calle mirando hacia la ventana, no sé si a mi, pero…

De cerca me pareció aún mas atractivo, su tez tan peculiar y su físico atlético me erotizó.

La ventana I

la ventana

La falleba de la ventana estaba rota, gracias a eso me quedé durante más tiempo observando todo lo que se movía en las calles aquella tarde de primavera.

Una pareja cruzó pedaleando sobre un tándem. Los seguí con la mirada hasta que entraron en la callejuela que va a dar a la plaza empedrada de la ciudad.

Amantes por todos los rincones del pénsil prodigándose caricias y gestos de amor, susurrándose al oído, quién sabe cuántas promesas y deseos.

Todo aquello que atrapaba mi atención, era lo que necesitaba para mi en ese momento.

Traté de colocar la ventana, pero no se sujetaba.

Mi maleta aún estaba abierta sobre la cama, me quedaba alguna cosa por guardar.

Ahí estaba yo manteniendo un soliloquio en mi pensamiento sobre mi necesidad de amar y ser amada, con el ventanal cada vez más pesado en mis manos, cuando al volver a mirar al exterior, un hombre fornido de cabellos rojizos y ondulantes me sorprendió.

Miraba fijamente hacia la ventana…¿Me miraba a mi?

Un relámpago anunció la llegada de la gran tromba de agua que de pronto caía. Las enormes y redondas gotas de lluvia chocaban contra los adoquines y se multiplicaban…

Sus pies se mojaban, los caite que llevaba estaban ya empapados. Me parecía adorable, un adonis.

Era una situación absurda. No podía dejar de mirarle, ¿qué hacía ahí mojándose?

Coloqué como pude la falleba sobre el alféizar, mi corazón de pronto latía fuerte.

Cuando volví a mirar, ya no estaba, no había nadie en el hermoso jardín; continuaba lloviendo. El olor a azahar que desprendían los limoneros llegaba a mi ahora más penetrante. El olor a jazmín parecía lacrar unos minutos mágicos.

Se me ocurrió bajar a avisar del desperfecto de la ventana a recepción.

El hotel es antiguo, pero me gusta su situación apartado del bullicio del centro de la ciudad. El suelo mullido de moqueta verde, las paredes cubiertas de papel pintado con dibujos de ramos de grandes flores en tonos pastel. Lámparas de bronce y espejos desgastados. Un enorme cabecero de madera esculpida de ángeles. Altísimas mesillas de noche a cada lado de la cama y que al llegar la noche crujen.

Los truenos siguen acompañando la tormenta que no cesa.

Es un edificio de dos plantas. Justo cuando bajaba hacía recepción, se fue la luz; estaba en medio de la escalera que da al hall principal.

Alguien que subía rápido no me vió. Nos estrellamos o más bien, el se estrelló contra mí. Me caí de golpe sentada sobre uno de los grandes peldaños-

-Se fue la luz:- dije.

-¡Oh! Lo siento no te vi.- Dijo el chico en tono de disculpa.

-No me has  hecho daño, no pasa nada.- Me levanté con su ayuda, me cogió del brazo para alzarme. Noté una mano fuerte que me asía con firmeza.

Tu mirada me acaricia.

Sentí la caricia de tú mirada en mi piel.

La arena en la playa nos aguarda.

Sólo el calor de tú cuerpo deseo, sólo tus manos en mis pechos, sólo tus labios besando mi sexo, sólo tú torso, sólo tú cuello, sólo tú , sólo tú tiempo a la orilla del mar.

Separo mis piernas y te quiero dentro, sin parar de moverme al compás del viento.

-Tómame así, así…

Resplandece en el océano la luna y la pasión.

-Sal de mí, quiero darte un beso.-Y te miro mientras lo hago, mientras te beso.

El sonido de las olas que rompen mojando nuestros cuerpos, me embriaga y quiero volver a tenerte dentro.

Magnetismo irresistible

Y te espero…

Y te ofreces  a mis labios carnosos que esperan húmedos que me poseas ya.

Tu masculinidad está por doquier, allí donde vaya, por lejos que huya, está.

Salvaje…

No puedo dejar de pensar en tu piel, en tus manos…

Me gusta; como me gusta el diamante o el rubí sin pulir.

Quiero tenerte en mi cama y que se llene de besos caidos de nuestros labios. Quiero amordazarte y  amarrarte a mi cama, cabalgarte hasta hacerte derramar.

 

 

Más que deseo.

Largo tiempo de silencios.

De repente mis pétalos se agitaron con tu aleteo, electrizándome.

Me dió un vuelco el verde pensamiento que ya había encerrado en la caja dorada, para apartar en el desván  de los recuerdos  y seguir enredándome en el  leñoso tronco de la vida.

Me rozaste con tu pico y brotó el néctar  por mis poros, serpenteé con mi cadera hasta alcanzar tu miembro y …

Te fuiste de nuevo. Aún tiemblo.

Esta oscilación me perturba, me excita más y más.

Lábil sin tu pasión.

La otra noche perdí dos pétalos y hoy pierdo la ternura  con que te espero y me invade un sentimiento desecante.

Mis raíces quisieran desprenderse de la tierra que las está oprimiendo, pero me siento lábil.

Estos pensamientos verdes me hacen estar  más lasciva y  algo confusa.

Te deseo, te deseo y … si no me besas, si no me enredo  en ti me marchito.

OQUEDAD

Humeante sobre la mesilla de noche, la taza con té y a su lado el vaso evaporado con una rama de romero.

No me duermo sin el y dormir tampoco quiero.

¿Sintió el vértigo?

El amargo sabor del templado té, el cansancio de mirar sin poderle ver, de escuchar sin oirle…

El suspiro profundo con alas de colores y la escarcha que se forma con el frío de la cama despojada.

Me siento estatua de mármol blanco.

Apuro el último trago y al cerrar los ojos cuajados de rocío, le sueño sin estar dormida.

Reboso el vaso evaporado, a ver si así rebrota el romero.

Desde la atalaya del bosque de sábanas arrugadas en un fugaz recuerdo,pierdo dos pétalos blancos…

Brillaran

Quedan libres de la mazmorra  de mi cerebro.

Las expulsa mi alma primitiva desde la tierra que no es mía, ni me pertenece; a modo de catarsis sin proferir sonido alguno. No centellean tampoco, pero quiero que brillen cuando recuerdes que has estado aquí y que esa estela va siempre con los dos.

El viento me zarandea, mis ojos se llenan de polen…

Es virgen.

Va conmigo,

si el sol me irradia de frente,

ella se extiende a mi espalda.

Plana, sin relieve, silenciosa y alargada.

Va pegada a mi y ni siquiera me pesa.

No canta, no respira, no es dueña

de sí misma.

Va conmigo,

si el sol me irradia los talones

ella se me adelanta.

Y no tiene prisa ni risa, ni tan siquiera sonrisa.

Ni se va con la brisa.

No es de seda roja.

Está muda y proyectada…

Ahora en la aldea.

No quiero dormir, ni quiero soñar…

Tan solo vivir, para después irme de aquí, allí dónde los demás…