La ventana VII

reflexión

Salí del hotel mirando en todas direcciones; cada coche que se cruzaba delante de mí, cada movimiento que consideré extraño de cualquier persona, cada puerta o ventana que se abría. Todo, ahora tenía que estar bien alerta.

Si Jean estaba en Runia, era casi seguro que no estaba solo.

Casi habíamos tirado la toalla, pensando que se nos había escapado sin dar al menos con un mínimo rastro, una pista que nos condujese al objetivo.

Me di cuenta que era Jean el hombre que buscábamos, al amanecer mientras estaba dormido a mi lado y la luz de la mañana iluminaba tenuemente la habitación; su tatuaje en el hombro lo delató.

Lo que no podía saber era, si él también tenía conocimiento de quién era yo.

Si todo estaba planeado.

Si había caido sin darme cuenta en la boca del lobo.

No dejaban de fluir en mi mente, preguntas sobre todo esto.

Sobre este casual y desenfrenado encuentro.

Este encargo estaba por encima de todo lo demás y todas las dudas a cerca de lo ocurrido, me ocupaba un espacio que no debía desde el  instante que su piel me reveló inesperadamente su identidad.

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