Esa interrupción repentina, ese vacio ardoroso, apasionado e impetuoso hizo fluir el néctar por mi interior. Mi esencia chorreaba entre mis muslos, por la cara interior de mis piernas,mis pechos estaban hinchados por la excitación y Jon estaba empalmadÃsimo, su polla bamboleaba erguida, esa oscilación obscena me puso muy cachonda. Me resultó fácil subir hasta la gran rama que albergarÃa nuestra fogosidad, metà entre las cortezas del tronco, los dedos de los pies para subir; en alguna ocasión se desprendieron por el peso de mi cuerpo, produciendo en mi en cada resbalón un respingo que recorrió mi espalda, azarándome y haciendome temblar, excitándome aún más, me agarraba muy fuerte en el tronco y poco a poco llegué. En el último paso Jon me tendió su fuerte mano y tiró de mÃ.
Nuestros cuerpos se pegaron, aplacando el vértigo, encontrando la calma, la ternura, la delicadeza, el mimo. Dimos paso a los besos, electrizantes, arrebatadores, nuestras lenguas jugaban, era una espiral muy dulce , las caricias cada vez más intensas. Jon tenÃa su polla muy dura, rozaba con ella mi vientre. Acaricié mi coñito buscando la humedad para empapar mis dedos y con ellos muy mojados, con las yemas acaricié suavemente desde sus huevos hasta su glande, volvà a llevar mis dedos a mi chochito y continué, notaba como Jon respiraba cada vez más agitado. Con sus brazos me rodeaba a mà y se cogÃa al tronco del árbol aprisionandome, para no caernos. Flexionó un poquito sus piernas y me la metió toda , su verga dentro de mi, resbalando, bailando, serpenteando, yo apreté mis muslos, mi vagina para tenerle atrapado, para que no se fuese, para quedar eternamente asÃ, follada, follando…
Los gritos de placer se ahogaban en mi garganta, no querÃa más que oir su respiración, su postura casi imposible también tenÃa sonido, casi imperceptible pero mágico; llenaba mi espÃritu. Mordió mi cuello y yo sus labios hasta hacerle sangre, sangre calida que chupé mientras me asÃa fuerte con mis manos detrás de mi espalda abrazando el tronco que también chorreaba resina pegajosa que se aderÃa a mi piel como caramelo.
Los ojos de Jon brillaban, sus movimientos se hicieron más rápidos, más bestiales, sádicos, casi irracionales.
Me gustaba como me estaba follando, me sentà tan indefensa y tan henchida al mismo tiempo que me corrÃ, me corrÃ, me corrà muchÃsimo, mucho, más que nunca.
Grité, no pude contenerme y Jon se convulsionó, sacudiéndome una y otra, una y otra vez, corriéndose, llenándome con su esperma, su leche caliente me quemaba…





