Un golpe seco tras otro retumbaba en el gimnasio a última hora de la tarde de aquel frío invierno y con cada golpe, un sonoro grito de desahogo y el eco de los saltos que Estela acompañaba con cada movimiento delante del saco rojo de boxeo que colgaba de una cadena muy gruesa desde el techo.
Sonó el teléfono movil que estaba junto con una toalla blanca sobre un banco de madera de pino; ella parecía estar muy concentrada, daba fuertemente con sus puños protegidos dentro de sus inmensos guantes de piel negra y azul; no le prestaba atención a la llamada, miraba directamente al saco y se movía con unos serpenteantes giros de cuello y cadera, hombros y piernas frente a él cada vez que lo recibia para darle una y otra vez con mucha energía, parecía ser un baile ensayado aquel entrenamiento…
Por unos segundos se detuvo el timbre y Appel ladró insistentemente. De nuevo sonaba el movil, entonces ella volvió la mirada; sus grandes y expresivos ojos negros hacía el teléfono y reduciendo el ritmo de sus movimientos dió un potente puñetazo al saco que hizo que éste se desplazase lejos bamboleándose durante el tiempo en que tranquilamente se colgó la toalla alrededor del cuello y con una de sus esquinas se atusó la frente.
-¡Joder!.-buscaba la manera de descolgar presionando las teclas con el guante de boxeo de su mano derecha.-¡Joder! repetía cada vez que lo intentaba de nuevo, sin darse cuenta que al fin se había descolgado y alguién ya la escuchaba, el manos libres estaba activado con lo cual de pronto la voz de un chico preguntaba en francés si era el Club Axfur. Se hizo entonces un silencio.
-Sí, es aquí…-con tantos años como llevaba en Suiza dominaba perfectamente el francés y también el inglés y algo de aleman e italiano.
-Soy Clark, gendarme de Chamonix, hemos recibido información de que Anne, una de las socias de su Club está herida en una de las paredes de la aguja del Drus, la tormenta es intensa y no es posible realizar el resacate con el helicoptero por la espesa niebla.
Casi sin creerse lo que estaba oyendo tuvo que sentarse en el banco se quedó casi sin habla durante unos segundos, miles de recuerdos se agolparon de pronto en su mente; tanto esfuerzo que les había costado sacar adelante la empresa multiaventura lejos de su hermosa tierra , tantos momentos que había compartido con su compañera Anne.
-Podemos ir a buscarla a pie, ahora llamaré a los demás socios y a su familia .Necesitaremos el punto exacto si es que lo tienen para grabarlo en el Gps…-Esa fue su inmediata reacción, su cabeza ya estaba ideando el plan de búsqueda.
- Clark ¿me has dicho que te llamas?-Se levantó y se movía de un lado a otro esperando respuesta del gendarme a la vez que se desataba los guantes con los dientes.-En quince minutos te llamo.-No le dió opción a responder, le colgó y tiró de agenda para localizar a todos los socios.
La sala de juntas se había quedado pequeña , la noticia había corrido como la pólvora y aparte de todos los socios, amigos y familiares también se reunieron varios gendarmes de Rescate en Alta Montaña para idear un plan de búsqueda.
No querían perder más tiempo así que programaron la salida al amanecer.
Organizaban ya las cordadas y el material que iban a necesitar. Un formido chico de tez morena y gruesos labios hizo aparición en la sala, se quitaba el gorro de forro polar dejando al descubierto un precioso pelo rizado negro como el azabache, el uniforme rojo de Gore-tex marcaba una silueta de atleta impresionante.
Uno de los gendarmes le cedió el asiento de al lado de Estela, pues ella era quién se estaba encargando de tomar las anotaciones de toda la organización de el salvamento que llevarían a cabo e inmediatamente ella intuyó que se trataba del Jefe de operaciones; él alargo su mano hacia ella para saludarla.
- Soy Clark.-le dirigió una mirada muy intensa, sus ojos verdes brillaban muchísimo y ese apretón de manos les electrizó a ambos.
-Estela, Estela Ruiz.-disimuló el impacto maravilloso que esa primera mirada le había causado y la repentina excitación de sentir su grande y fuerte mano enmvolviendo suavemente la suya, en el saludo de ese espectacular hombre que ahora tomaba asiento a su lado.
La gravedad de los que estaba sucediendo allá arriba en las altas montañas, a tan bajas temperaturas con una nibosa climatología además de los fuertes vientos en principio no deberían de dejar hueco a posibles pensamientos lascivos, pero no era así, notaba una gran contradicción que nunca antes había sentido, era Piers como un iman que la atraía y la imbuía en segundos de agitación con cada roce al pasarse un mapa, un bolígrafo para tomar más datos o al notar cerca su respiración y la suave fragancia que desprendía Clark en cada movimiento.
Por momentos parecían estar solos en aquella sala y sin embargo cada vez eran más las personas que se acercaban con la intención de prestar apoyo.

scott dicho:
on 01/08/2007 at 15:52
estoy esperando ansioso la segunda parte de este relato.SIGUE SIGUE SIGUE SIGUE