Archivar paraAgosto, 2007

Pétalos

añicos

Eran más de la una de la madrugada, pulsé el dispositivo para que bajase el portón del garaje. Al fin estaba en casa. Me quité el cinturón de seguridad que tanto odio ponerme y me giré para recoger de los asientos traseros todos los libros, cds y el bolso. La bicicleta estaba apoyada en una de las
paredes del frio garaje, hacía dos meses en el mismo sitio. Desde entonces no había salido a pasear con ella, no había tenido tiempo.
Con los dos brazos y manos ocupadas, cargada por completo traté bajar la manilla de la puerta con el codo una y otra vez hasta lograrlo. Entonces percibí un agradable aroma a rosas. Al empujar la puerta con el culito y abrirse completamente , ví todo el suelo cubierto de pétalos; ascendían por las escaleras que dan al hall principal, me descalcé esbozando una sonrisa que de pronto distendía mi ofuscación acumulada en este día de intenso trabajo.
-¿Jeam?.- Un par de cds resbalaron cayéndose al suelo y no quise destrozar el sendero tan hermoso que me había encontrado, tan lleno de ternura y excitación que ahora embriagaba mi cuerpo.
Posé los libros al borde del camino de perfumados pétalos y me descalcé con la intriga de saber cuál era el final del manto delicadamente colocado de rosas que estaban a mis pies.
En cada paso que daba se pegaban a la planta de mis pies los aterciopelados pétalos produciendo en mí una sensación muy relajante y mágica. Cuando llegué al hall vi que cientos más ascendían perdiéndose en la entrada de mi habitación.
Estaba segura que había sido Jeam, pues era él, el único que tenía la llave de mi casa.
Cada peldaño que subia, más relajada y entusiasmada estaba.
Al llegar a la puerta de mi dormitorio el olor a rosas era más penetrante aún, más intenso.
Sonaba Sarah de Bob Dilan.
Jeam estaba esperándome cubierto de espuma en la ésférica y burbujeante bañera, su mirada me enardeció, su pelo negro azabache, su cuello fuerte y sus hombros musculosos sobresalían de entre la espuma.
Entonces sálió desnudo como un Adonis resbalando sobre su piel la blanca espuma y se sentó en el borde de la bañera, extendió su brazo y me cogió de la mano acercándome a él con mucha suavidad y comenzó a desnudarme y besarme.
Me sentía princesa, notaba las burbujas de aire en mis muslos, en mi sexo y mi esplada y las caricias de Jeam por todo mi cuerpo hicieron que mi mente volase, apartando todo el cansancio, todo el agotamiento, transformándolo en pasión,. Dulcemente me penetró y cada movimiento de nuestros cuerpos hacía que el agua de la bañera mezclase en pequeñas olas los pétalos que se desprendieron de mis pies y la espuma que Jeam me había preparado. Resbalaba dentro de mí con suma delicadeza, notaba su polla muy dura acariciádome las paredes de mi vagina, llenándome de un placer desconocido, delicioso, gozoso, distinto.
Bob Dylan sonando, sonando, ésta vez Hurricane aceleró nuestro compás de movimientos lujuriosos, nuestros gemidos se dispersaban por todo el baño aunándose a el sonido de la armónica y la bateria, aumentando más y más nuestras pulsaciones, nuestro gozo…

Cálido rescate II

calido rescate

Llevaban caminando más de cinco horas sin parar. Las tardes entregada al boxeo y ejercicios complementarios hacían de ella una mujer con una fortaleza física superior para soportar sin ningún problema todo el esfuerzo que suponía caminar en ocasiones abriendo huella entre la gran espesura de la merengosa nieve para llegar al refugio situado a 3.100 metros, no se veía absolutamente mas allá de dos pasos pues la niebla era una gran cortina, así pues gracias al Gps sabían que llevaban la dirección correcta. Estela iba en cabeza de grupo y escuchó rugir cercano el generador del refugio, se dío la vuelta para así comentárselo a Clark que seguía tras ella, a unos metros sus huellas; estaban totalmente abrigados, cubiertos con el gorro del Gore tex y las gafas de ventisca, Clark deslizó su lengua por sus gruesos labios y se acercó a ella para escuchar mejor lo que decía.

-El refugio está aquí al lado.-Su corazón latía muy fuerte, por el esfuerzo, necesitaba captar todo el oxígeno posible pero lo que más excitación le había provocado ese potente latir, había sido esa imagen tan excitante, tan cálida en un lugar tan frío…

Debía descansar ya que al amanecer saldrían para tratar de llegar a la pared con la esperanza de que Anne siguiese viva. No dejaba de pensar en ello, se puso su plumífero negro The North Face, su gorro fucsia dejando sobresalir sus trenzas por debajo del borde y abrió la pesada puerta de hierro que daba al exterior del refugio. La noche era dueña del lugar, el fuerte viento heló su rostro en décimas de segundo, así que se acurrucó hasta los ojos en el grueso cuello del plumífero, el faro intermitente era la única luz.

La puerta se abrió de nuevo y Clark apareció tras ella friccionándose las manos.

No se dijeron ni palabra. Clark introdujo su fuerte mano en el bolsillo del plumífero de ella y con el dedo índice le acarició como pudo los nudillos en la estrechez que se había formado. Se fueron a la caseta adosada del refugio, a la caseta de la leña, caminaron despacio abrazados, besándose apasionadamente, buscando con la mirada cada vez que el haz de luz rojo y blanco pasaba sobre ellos.

Clark se sentó encima de los troncos de leña y Estela se puso frente a él, entre sus piernas, se bajó la cremallera del plumífero, acarició el cuello de Clark, le mordió sus labios, sentía las caricias de él en sus nalgas al tiempo que Clark le deslizaba las braguitas junto con el pantalón hacía abajo. Los dos tenían la respiración muy agitada, efusivamente fueron quitándose todas sus prendas mutuamente, en un torbellino de pasión y obscenas caricias . Se abrazaron sin musitar palabra, ella abrió sus piernas, Clark le acariciaba espalda de de arriba a abajo…

Se apoderó con su mano del miembro erguido y duro como una roca y se lo llevo a su sexo húmedo, deseosa de recibir todo el calor de aquel gendarme que sin esperar había aparecido en su vida; tanto gozo en aquel lugar tan inóspito y frío.

Sus pieles ardían a pesar de las bajas temperaturas; de la pequeña cabaña de leña provenían los intensos gemidos que los dos como fieras salvajes emitían sin pudor ninguno habiéndose olvidado del resto del mundo, gemidos que se perdían en el silencio de las altas cumbres y disfrutando más que nunca antes lo habían echo. Sus lenguas jugueteaban entre sus labios, se mordisqueaban y no paraban de acariciarse. Con mucha suavidad se despegaron y Clark se levantó, una mano de él sujetaba ahora las dos muñecas juntas de Estela y con movimientos inesperados envueltos en una espiral de ritmos dulces, sintió de nuevo todo el poderío de Clark en su interior, notaba su corazón palpitando muy fuerte en la espalda desnuda, el torso y el fibroso abdomen de este escultural hombre sobre su vibrante columna vertebral que no dejaba de ondular del inmenso gozo de sentirse poseida, de notar en sus nalgas la pelvis tensa de Clark golpeándola en cada embestida que la llenaba cálidamente. Estaba atrapada contra la pared de piedras de aquella cabaña, le encantaba ser dominada de ese modo y al mirar hacia atrás se cruzaron el brillo de los ojos viciosos de los dos, entre las sombras, un fuertísimo viento se colaba ahora por la puerta y así entre sombras perdían el norte, el sur, el este y el oeste, acelerando infernalmente todo el cúmulo de tactos deliciosos que se sumaron entre los troncos de leña.

Los dos se derramaban con gemidos ahora más sonoros, más intensos, menos controlados, hasta producir eco que rebotaba perdiéndose en el Valle de Chamonix como música celestial.

Estaba llena de energía esa mañana, su rostro reflejaba menos tensión que los anteriores días a pesar de seguir con la gran preocupación de encontrar a Anne, en el desayuno se hicieron guiños que ya las demás personas interpretaron de plena complicidad entre ellos.

Cerca de la pared del Drus las grietas eran muy profundas, esa mañana la niebla era menos espesa, unas huellas se precipitaban al vacío de una de ellas, a Estela le dió un vuelco el corazón, se quitó hacia arriba las gafas de ventisca, corrió y al mirar en la profundidad azul del hielo dividido sus ojos se encontraron con el cuerpo desvalido de su compañera, dió tres fuertes soplidos al silvato como habían quedado que harían si se la encontraban, vió como se movía lo que indicaba que estaba con vida.

-Estoy aquí Anne, ya pasó todo, ahora te saco de ahí, tranquila, soy Estela.-Ya sacaba rápidamente todo el material necesario para bajar a valorar su estado y salvarla de aquella repisa en que había quedado milagrosamente.

Clark que seguía los pasos de Estela muy de cerca fue el primero en llegar y entre los dos montaron todo, Estela rapeló hasta llegar a Anne y cuando le sujetó la cabeza y Anne pudo ver a Estela musitó- Estela esta noche escuché música celestial cuando estaba apunto de quedarme en un sueño profundo…

Inmediatamente se desmayó, y Estela  la aseguró y la sacó de allí.

En el salón sobre la chimenea había muchas fotografías de boxeo,de escalada; la leña ardía, chasqueaba con el fuego, ardía como había ardido aquella noche sin haberse quemado en la cabaña de aquel refugio. Habían sido unos días intensos con Clark…