Quedamos en mi casa de campo. Venías de camino mientras yo, ya encendía la chimenea y después, en la cocina, le quitaba el hueso a unas cuantas cerezas muy grandes y rojas que había recogido nada más llegar. Miré haciá atrás porque sentí un cosquilleo que me recorría toda la espalda. Allí estabas tú,antes de lo que yo pensaba que llegarías.
Seguí quitando los huesos de las cerezas y las iba añadiendo a la macedonia que estaba terminando de preparar.
Te acercaste a mí, te pegaste a mí espalda, sentí tú miembro erguido en mis nalgas. Metiste la mano en la fuente de cerámica donde estaban las frutas, cogiste un puñado y me diste a comer, nos mirábamos fijamente a los ojos, los dos buscábamos los trocitos de las frutas con nuestras lenguas, chocaban una con la otra y me excitaba muchísimo, nuestros labios se buscaban, fui metiendo mi lengua entre todos tus dedos chupando el almibar de tu pulgar, de tu dedo índice, de tu dedo corazón, de tu meñique, del anular, de todos, despacio… chupándote todo, todo el almibar. Ahora estábamos frente a frente y te rozabas contra mi monte de venus a través de nuestras ropas, de mi falda y de tú pantalón. Me excité aún más cuando tus manos se deslizaban por debajo de mi falda acariciándome las piernas y apretando fuerte mis nalgas. Acariciabas mi culito y te rozabas en mi monte de venus. Notaba tu polla dura contra mi, me encantaba, me estaba volviendo loca, estaba muy húmeda, te había deseado tantos días, que me parecía vivir un sueño erótico.
Me quité el tanguita y me recosté en la mesa de mármol, mis pechos pegados en la fría piedra, mi abdomen, y me abrí de piernas ofreciéndote todo mi chochito, todo mi culito, para que me penetraras ya. No podía esperar más necesitaba sentirte, saber cómo me follarías. Mi mano alcanzó la aceitera y vertí en mi culito el aceite de olivas, tú ya te habías bajado los pantalones y los boxer verdes, estabas muy empalmado.
-Fóllame, métemela toda, fóllame.
Acaricié mis nalgas completamente aceitadas, acaricié el culito para ti, metiéndome un dedo y entraba muy bien, resbalaba sin dificultad. Te acercaste de pronto y…
-Ahhhh, síiii.- me gustaba muchísimo que me follases así despacito, resbalando sin dificultal, con todo el aceite chorreando por entre mis nalgas y mis labios.
Me follabas deliciosamente. Metiéndomela y sacándola sin parar.
-Ah, ah, ah, umm, umm, ohhh, ahhh, siii.
Te corriste, gemiste en voz muy alta, gritando lo mucho que te gusta follarme…
Esa noche nos devoramos en todos los rincones de la casa, tú no te cansabas, era increible lo que estaba viviendo.
Scrawling
2 comentarios »
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MIan dicho:
on 17/07/2008 at 4:08
tus historias estan geniales me gustaria que me esscribieras tu sabes mi correo
David PUERTO dicho:
on 13/08/2008 at 11:18
hola guapo!!!soy marica y te deseo.
Te quiero